viernes, 31 de diciembre de 2010

FELIZ 2011!!!

Luego de un año y medio de existencia del blog, se viene el momento de crecer. Se viene el momento de que la historia de la ciudad esté en una Web. Se viene el 2011, que traerá cambios, alegrías y tristezas, como todo año, como ocurrió en la historia de Mercedes en sus 258 años y medio de vida. Como ocurrió en la tuya.


El blog se despide hasta el año que viene, hasta mañana, cuando amanezca crecido.


MUCHAS GRACIAS POR SEGUIRLO!

viernes, 3 de diciembre de 2010

Moner y Luza, los únicos dos mercedinos que salieron en la tapa de El Gráfico

La ciudad de Mercedes tuvo deportistas que han traspasado el nivel nacional a lo largo de la historia. Entre los pioneros se encuentran Héctor “Teté” Barreneche, quien jugó en la Selección argentina de Básquet, al igual que Adolfo “Gurí” Perazzo, quien es el jugador con más partidos en la historia de ese seleccionado.
Fernando Moner, a la izquierda, festeja la victoria en la Bombonera
Lamentablemente, ellos no pudieron estar en la tapa de la revista El Gráfico, aunque pudieron haberlo merecido.
Los que si tuvieron la suerte de estar en la tapa de una de las revistas más importantes e históricas del deporte argentino fueron Gustavo Luza y Fernando Moner. El primero no tuvo una tapa trascendente. Fue el 5 de febrero de 1991. La mayor parte de la tapa trata sobre la victoria en la final de Tokio que dos días antes le había ganado Gabriela Sabatini por 2-6, 6-2 y 6-4 a Martina Navratilova y que la revista lo tituló “Tenis genial”. Este título es apoyado por la resonante victoria de la Selección argentina de Copa Davis por 4 a 1 por la primera ronda de este torneo. En esa serie participó el mercedino Gustavo Luza como suplente del dobles, convocado por Francisco “Pancho” Mastelli. Los otros jugadores fueron Martín Jaite, Cristian Miniussi, Javier Frana. A Luza no se lo menciona prácticamente en las notas del match porque no participó.
Gustavo Luza, el otro mercedino que estuvo en la tapa de El Gráfico.
El otro mercedino que aparece en la tapa de El gráfico es Fernando Moner el 13 de octubre de 1987. El pelado (en ese tiempo el muchacho de rulos), jugaba para San Lorenzo de Almagro en una época muy mala desde el aspecto económico del cuervo. Esa edición, la 3549 de la revista, reflejó la gran victoria de San Lorenzo por 1 a 0 ante Boca en la Bombonera. La imagen ilustra el festejo que los jugadores hicieron frente a la tribuna visitante al finalizar el partido, en la que se ve a Moner, Zacarías, Bora Milutinovic y Riquelme.
Al equipo de Boedo ese torneo lo comenzó dirigiendo el multibilingüe Bora Milutinovic. El serbio, al terminar ese partido, amagó con renunciar a pesar de la buena campaña que venía realizando (4 victorias y 3 empates, con 8 goles a favor y 3 en contra) por los problemas económicos que tenía la institución, pero no porque no le pagaban su sueldo, sino para presionar para que le paguen al plantel, que ni tenía agua caliente para bañarse en su estadio.

En esos partidos, como en los 16 restantes, el mercedino fue titular, jugando en la defensa con Málvarez, Larraquy y Zacarías y en el arco el paraguayo Chilavert.
Bora estuvo como DT hasta la fecha 13, en que presentó la renuncia y fue reemplazado por Héctor Veira. Con el Bambino, Moner jugó como titular hasta la fecha 25 en que fue reemplazado por Riquelme. Luego, en las 13 restantes, sólo jugó en la 33º, en la victoria 1 a 0 frente a Argentinos Juniors.
De Moner la revista El Gráfico no dice mucho ya que habla de la situación xeneise, que se hundía en el fondo de la tabla y del buen funcionamiento defensivo del cuervo, más el acierto de Sivisky al convertir a los 18 del segundo tiempo.
El partido fue cubierto periodísticamente por el maestro Juvenal y lo calificó de intenso y sobre el gol de la victoria escribió: “Un tiro libre magníficamente cabeceado le dio el gol de la victoria, consolidada por una defensa que frenó toda llegada boquense”.
El juez del encuentro fue Romero, se recaudaron 221.096 Australes. La figura, Zacarias (8).

miércoles, 27 de octubre de 2010

La Guardia de Luján como el primer presidio luego de la Revolución de Mayo. Parte 3. Las cartas de Gervasio Posadas.

Cuenta en sus memorias Gervasio Antonio de Posadas que “En la mañana del 6 de Abril fui sorprendido en mi casa y arrestado en un cuartel, desde el cual pasé al obispo una carta, y dirigí a la Junta un memorial. Continuando esta maldad, en la tarde del mismo día 6 de Abril me colocaron en un coche simón con otros tres individuos, y con porción de tropa de caballería nos condujeron al fuerte o guardia de Lujan, desde donde dirigí otra representación a la Junta gobernadora y una cartita al obispo. Yo en esto me divertía y nada perdía. En esta Guardia, que tenía por el lugar de mi destino como me lo habían intimado, fui nuevamente sorprendido por el comandante de ella, entregándome un pasaporte de la Junta gobernadora por el cual se me desterraba a trescientas leguas, a la ciudad de Mendoza. El mismo comandante me manifestó una Gaceta extraordinaria del día 15 de Abril en que se me expatriaba a pedimento del pueblo de Buenos Aires, por autor de una sedición que acababa de suceder, y por otros crímenes; sin forma de proceso, sin la más ligera audiencia, ni permitirme la menor defensa: todo ello como obra de una porción de piilastrones, mentirosos y embrollones”.
Sin embargo, la primera carta decía lo siguiente:

“Exmo. Sor. Gervasio Antonio de Posadas confinado en esta Frontera de Luján, ante V.E. con el debido respeto digo- Que me hallo en la mayor incomodidad pa. resistir a los achaques habituales que padesco muchos años hace y que me causan accidentes morales, pués en estos últimos meses los he sufrido dos ocasiones en el Palacio del i.S. Obispo a las horas del Despacho desuerte qe si V.E. no me proporciona algún alivio para concluir mis días en el seno de mi familia que es lo único qe. siempre he pensado y a que únicamente he aspirado toda mi vida, me temo perderla en este destino. A esto se agrega que acaba de llegar a él mi hermano político Domingo French (N. del A.: por sus costumbres revoltosas y su particularidad de no callarse nada), y yo no quiero dar a V.E. un nuevo disgusto por alguna nota que se me impute con respecto a este individuo o a los otros cuatro confinados a quienes jamás he tratado ni visitado en esa Capital.
Por todo ello de V.E. suplico atentamente se digne por equidad permitirme trasladar a la chacra de un hombre honrado que conozco en la costa de Sn. Isidro nombrado Dn Ricardo, para reunirme allí dolo con mis cinco hijos y vivir en su amable compañía. Dignase V. Exa. mirar con ojos de piedad a quatro niñas y un joven de Candor y por ellos y por este su padre usar de uno de los rasgos de su acreditada bondad. Frontera de Luján, 6 de abril de 1811.”

El relato de las memorias de Posadas sigue así. “Como mi verdadero inmediato jefe o superior era el ilustrísimo señor obispo, con qiiien parece debía entenderse la Junta para mi expatriación, y como no tenía otra persona dé más carácter y confianza que pudiese dar algún paso a favor de mi inocencia atropellada, le dirigí otra carta, y por conducto del comandante hice una representación a la Junta de gobierno, los cuales documentos y los de su referencia se numeran como aparece”.
La segunda carta, escrita 3 días después, decía lo siguiente:

“Sr. Dn. Cornelio Saavedra. Muy Sor. Mío y mi estimado paisano: no quiero valerme de la mediación del Sr. Lue, ni de otra alguna persona pa. poner en sus manos la adjunta súplica, sino hacérsela directamente pa. no comprometerlo, porque confío qe francamente me ha de decir si me puede servir o si he de tener paciencia por algún más tiempo para con su aviso amistoso esperanzar a mis hijos de que nos reuniremos. Creame V.E. por Dios que los amo mucho qe siempre he respetado y los he enseñado a respetar el gobierno y qe tan solo deseo en este mundo morir en el seno de mi familia trabajando por mantenerla como V.E. siempre lo habrá notado. Este destino es fatal para mi salud quebrantada muchos años hace; las agua del pozo me empeoran y la estoi bebiendo caliente desde que vine. Empeñe todo su valimento para qe pueda pasar sobre la costa y acercarme así a recoger a mis hijos y vivir con ellos. No lo he de hacer quedar mal ni le he de dar disgusto: creame Paisano por la sangre de Jesucristo no soi hombre malo o que aspira a otra cosa qe a mirar por mis hijos menores y huerfano. Acuerdese qe es padre y de la ternura con que ama a sus niños y por ellos y por el respeto de mi Sra. Doña Saturnina, propenda a darme este consuelo a que le viviré eternamente agradecido. Frontera de Lujan, 9 de abril de 1811”.

Finalmente, Posadas termina siendo exiliado a Mendoza y, en una tercera carta, dice que no tiene ni caballo, ni plata, ni apero para semejante viaje. La Guardia de Luján fue, para este confinado, el primero de los 22 lugares en donde mantuvo su presidio.

(N. del A.: las cartas están escritas textuales, con los errores de ortografía que se ven)

Fuentes: “La sangre en las esquinas y romance de la Guardia”, de Raúl Ortelli; “Mercedes en el Recuerdo” de Raúl Ortelli; “El último malón” de Raúl Ortelli; “El Origen de la ciudad de Mercedes” de Alfredo Iribarren; “Memorias”, de Gervasio Antonio Posadas.

La Guardia de Luján como el primer presidio luego de la Revolución de Mayo. Posadas, French y Berutti, presos en Mercedes. Parte 2.

El 9 de abril de 1811 fue el día en que Domingo French, Antonio Berutti, Agustín Donado, el Presbítero Ramón Vieytes, hermano de Hipólito, Gervasio Posadas (primo y hermano político de French) fueron confinados al Fuerte de Luján (Hoy Municipalidad de Mercedes).

French y Berutti fueron alojados juntos en un cuarto. No habiendo más habitaciones en que colocar por separado a los prisioneros, fue necesario pedirle al capellán Silveira la pieza que tenía para él, donde fueron puestos los otros tres. Y así, la austera celda del capellán miliar se convirtió en improvisada celda.

Posadas estuvo hasta el 28 de abril en que salió para Mendoza. El 2 de mayo siguiente lo hicieron en una carreta de bueyes French, Berutti, Vieytes y Donado, rumbo a Chascomús.

Cuando los prisioneros llegan a la Guardia de Luján son recibidos por el Segundo Comandante de Fronteras Manuel Martínez de Fontes, quien estaba en el cargo desde el 17 de julio de 1806. También desde ese año era Capitán del cuerpo de Blandengues.
Martínez de Fontes se casó con Doña Juana Gertrudis Rodríguez Peña, que era hermana de Saturnino José, Nicolás y Juan Ignacio Rodríguez Peña. Fue ascendido al grado de Capitán en 1781 y tuvo el mérito de haber introducido la vacuna antivariólica por primera vez en la Villa de Luján en 1805.
Cuando recibió a los presos, Martínez de Fontes le escribió una carta al Presidente de la Primera Junta de las Provincias Unidas del Río de La Plata, Cornelio Saavedra, dándole cuenta de lo acontecido:


“Frontera de Luxán y Abril 11 de 1811.

Exmo. Señor Presidente Don Cornelio Saavedra.

Exmo. Señor. Remito a V.E. dos esquelas que me han entregado French y Beruti pa. sus casas, pa. que si V.E. lleva a bien que se les entriegue se berifique por su conducto, pues veo les hace falta lo que piden sus casas. No habiendo en este Fuerte habitaciones en qe. colocar por separados a los seis presos que V.E. ha destinado a esta pr. hallarse bastante arruinado etenido que pedirle al Padre Capellán la que tenía pá el habiando colocado en una a Vieytes, Pasadas y Donado, en la otra a French y Beruti, lo que pongo en noticia a V.E. en virtud de no haberlo podido pr. por separados como V.E. ordena. Martínez Fontes”. (N. del A.: El texto original está escrito en esta forma)

La Guardia de Luján como el primer presidio luego de la Revolución de Mayo. Posadas, French y Berutti, presos en Mercedes. Parte 1.

Desde un primer momento la Guardia de Luján tuvo mucha importancia al realizarse la Revolución de 1810. Cuando el 25 de Mayo el cabildo constituyó la Junta Patria, lo hizo bajo presión de los mandos militares que le presentaron una “Petición del Pueblo”, suscripta por 401 personas. De ellas, 18 eran miembros de la Iglesia y de éstos, 17 eran mercedarios. De esos 17, dos pertenecían a la Guardia de Luján.
Uno de ellos era el Fray Manuel Saturnino Banegas, que se encontraba en el convento Grande de San Ramón de Buenos Aires desempeñando el título de lector (profesor) y, anteriormente, el de maestro de novicios, cuando suscribió el documento revolucionario. Cinco meses antes había estado en la frontera de Luján, con licencia del cura territorial, y retornaría como vice cura del pueblo en marzo de 1814 hasta mayo de 1819.
El otro fue el Fray Gregorio Maldonado. Fue capellán de la expedición del coronel Pedro Andrés García a las Salinas Grandres realizada en la Guardia de Luján entre el 21 de octubre y el 22 de diciembre de 1810.
La Guardia fue uno de los primeros escenarios que tuvo la emancipación, ya que fue designada como el primer presidio calificado de la Revolución.
El 26 de agosto es fusilado en lo que ahora es la ciudad de Los Surgentes, en el sudeste de Córdoba el virrey Santiago de Liniers (27/07/1753 – 26/08/1810) luego de unirse al grupo que pretendía oponerse a la Primera Junta. Como el general Francisco Ortiz de Ocampo se negó a matarlos, decidió enviarlos a Buenos Aires, pero la Junta envió a su vocal Juan José Castelli a cumplir la sentencia. Junto a Liniers, perdieron la vida todos los jefes de la resistencia menos el obispo de Córdoba Rodrigo de Orellana (1756 – 1822), quien fue obligado a confesar a los reos y presenciar la ejecución. Luego, fue confinado a Luján (hoy Mercedes) donde vivió hasta la disolución de la Junta Grande (22 de septiembre de 1811). Luego, El Primer Triunvirato lo sometió a un juicio por su actuación, pero convenció al tribunal de su inocencia a través de un largo escrito.
Estuvo preso en el antiguo Fuerte, en una choza de paja, sin rentas ni auxilios ni comunicación alguna. Se le autorizó a oficiar misa los días 4 y 5 de septiembre, la primera episcopal celebrada en Mercedes. Lo acompañó el Padre Pedro Giménez. Orellana permaneció en la zona hasta el 19 de octubre de 1811, en que pasó a Buenos Aires por disposición del Primer Triunvirato, cuando ya su destierro llevaba 14 meses. Luego, fue restituido a Córdoba hasta que el Director Alvear lo confinó de nuevo a la Guardia en enero de 1815.
La Revolución del 5 y 6 de abril de 1811, también conocida como el "Movimiento o Revolución de los orilleros" fue un golpe cívico militar que permitió al sector moderado saavedrista asegurar el control de la Junta Grande de gobierno eliminando a la minoría radical morenista. Para esta fecha el grupo morenista estaba diezmado: Manuel Alberti (1763-1811) había muerto tras una agria discusión con el deán Gregorio Funes (1749-1829) durante un reunión de la Junta, Mariano Moreno que había renunciado y enviado a Londres, estaba muerto -aunque en Buenos Aires no se lo sabía-, habían sido separados de la Junta Grande los cuatro vocales morenistas: Miguel de Azcuénaga (1754-1833), privado injustamente de su grado militar, Juan José Castelli (1764-1812) –por entonces representando a la Junta en el Ejército auxiliador en el Alto Perú-, Nicolás Rodríguez Peña (1775-1853) -que había reemplazado en la Junta Grande al fallecido Manuel Alberti-, Juan Larrea (1782-1847) y el secretario Hipólito Vieytes (1762-1815) -que había reemplazado a Mariano Moreno en la Secretaría de Gobierno y Guerra-.
En los casos de Nicolás Rodríguez Peña e Juan Hipólito Vieytes, los golpistas aducían que para sus designaciones no se había dado intervención al Cabildo de Buenos Aires.  
De la Sociedad Patriótica fueron perseguidos todos sus integrantes, pero muy especialmente Ramón Domingo Vieytes (1764-1827) , Antonio Luis Beruti (1772-1841), Domingo French (1774-1825) -Jefe del Regimiento de la Estrella-, Agustín José Donado (1767-1831), Gervasio Antonio de Posadas (1757-1833) y Felipe Santiago Cardoso (?-?), desterrado a Santa Fe. Juan Larrea, compañero y amigo de Mariano Moreno, insólitamente acusado de haberse mezclado en facciones que habían comprometido la seguridad pública, fue destituido y remitido preso a la guardia de Luján y luego extrañado a San Juan de Cuyo.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Los Baños Públicos de Marsiglia. Parte 3. El voraz incendio que terminó con todo.

Marsiglia era devoto de las plantas y sobretodo de las flores. Es por eso que los balcones de la casona tenían hermosos geranios. Sus Baños Públicos tuvieron una gran prosperidad en Mercedes hasta el fatídico 22 de enero de 1880 a las 11 de la mañana cuando un incendio terminó con todo. El calor que hizo ese día fue intenso. La crónica del diario regional La Reforma, que se imprimía en Chivilcoy y que llegaba a Mercedes, decía que el fuego se propagó “en las dos piezas de alto que dan a la calle 17 (hoy 23)”.
“Mientras esto sucedía –prosigue el diario- veinte o treinta personas, de las doscientas espectadoras de aquel suceso, se ocupaban de combatir el monstruo de fuego que agitaba las paredes” (…) “La situación se hacía cada vez más desesperante. Ruidos sordos dejáronse sentir aquella hoguera; eran los techos que empezaban a desplomarse por la falta de tirantes que los sostenían, pues estos ya eran cenizas”
Portada del diario regional La Reforma (Chivilcoy - Mercedes) del 23 de enero de 1880, día posterior al incendio.

En poco más de 1 hora ardió toda la casona, “quedando en humeantes escombros”, sostenía La Reforma. “A las 12 y media y después de hacer lo humanamente posible (…) fue apagándose lentamente (…) todo quedó destruido y reducido a miserables ruinas”.
Luego del incendio, La Reforma informaba que Marsiglia y su esposa se encontraban alojados en el Hotel Laborde.
Las pérdidas, que fueron totales, se estimaron en 60 mil pesos, muchísimo dinero en ese tiempo. Entre los vecinos que acudieron a prestar ayuda estuvo el maestro Pedro B. Palacios, que luego se haría famoso con su pseudónimo “Almafuerte”. Era tanto el aprecio que la ciudad tenía por el ingenioso Marsiglia que se inició espontáneamente una colecta popular que reunió la suma necesaria para rehacer la casa y baños.
Se formó una comisión para apoyo a don Gabriel que estaba conformada por Ubaldo Romero, José C. Soto, Camilo Salomone, Clodomiro Villafañe, Nicanor Baliero y Camilo Meneses y, con el tiempo y los 30 mil pesos juntados, la familia salió adelante.





Raúl Ortelli relata que “entre las historias que se quemaron en el incendio, queda la del General Ignacio Rivas, derrotado en la Batalla de La Verde y a raíz de ello, alojado como preso en el Cabildo de Mercedes, tenía concedido para acudir a lo de Marsiglia, lo mismo que otros de sus compañeros de cautiverio. El famoso comandante Mena, que en determinado momento consigue apoderarse de ese formidable bastión que era la Cárcel, que luego le es arrebatada, al ser puesto en libertad, concurre también a los baños y allí el dueño de casa, que le atiende personalmente y algún empleado, no ocultan su asombro, pues aquél legendario y corajudo comandante tenía el cuerpo “cuajado” de cicatrices. Mena contó entonces que eran las consecuencias de haber intervenido en más de treinta entreveros.

Cerrados estos baños y clausuradas las otras actividades de Don Gabriel, allí abrió una sastrería de lujo el Sr. Gentile, hijo político de aquél. Después vinieron otros negocios hasta que luego ocupó ese terreno la Dirección de Telecomunicaciones, luego Telefónica de Argentina.


Los Baños Públicos de Marsiglia. Parte 2. Un baño, 10 pesos, una docena, 100.

La casa de 20 y 23 era de altos, cuenta Raúl Ortelli, pero lo relevante ocurría en el sótano, en donde funcionaba la otra empresa de Don Gabriel Marsiglia: los Baños Públicos. Todos los años, al llegar el verano, el gran inventor recordaba a través de avisos en los diarios a los pobladores de la ciudad sobre los confortables servicios que ofrecía su establecimiento, en gran parte accionada por perros amaestrados por él mismo con “gran paciencia y sorprendente resultado”, resalta Ortelli.
La casona de Marsiglia y su fachada desde la calle 17 (hoy 23). En verano, siempre había flores en los balcones.

En su relato, el escritor mercedino cuenta que “el negocio se abría de cuatro de la tarde a once de la noche y, previo pago de la suma de convenida allí se podía gozar del inefable placer de un buen baño”.
La idea de los baños surgió en 1875. Los técnicos entendidos en construcciones afirmaban que el edificio no soportaría las excavaciones que Marsiglia proyectaba bajo la gran casona de dos pisos y que incluso ganaban terreno bajo la vereda.
“La gran sala subterránea estaba subdividida en compartimientos individuales. Un baño, frio o caliente, se cobraba diez pesos y una docena cien. Los diarios publicaban la nómina de quienes tomaban abonos quincenales, mensuales, trimestrales y o por toda la temporada, lo que significaba que había gente que se bañaba seguido. Había gente que, en pleno verano, se bañaba dos veces por semana”, cuenta Ortelli y agrega que “con el correr del tiempo era cada vez más la gente que se bañaba, ya que se le iba perdiendo el miedo al agua, que estaba mal vista porque se la consideraba capaz de provocar la tubercolisis, la pulmonía o un resfrío con tos”.
Así era la publicidad que se leía en el diario El Oeste, en 1878.

Era muy cierto que Marsiglia utilizaba perros amaestrados para hacer funcionar sus baños públicos. Para esto, se debía tener un buen régimen de agua y el hojalatero concibió un sistema de producción excelente. Se trataba de una rueda sin fin en la que aquéllos perros, asentados sobre sus patas en un banco, con las manos movían la rueda que, a su vez, extraía agua de un pozo, destinada luego a los baños a través de una red intrincada de caños que iban y venían por toda la casa.
Allí trabajaba todo el mundo, incluso los chicos de la familia y aún los de la vecindad, amigos de los chicos de la casa. Marsiglia construyó una hamaca de dos asientos iguales a las que aún se ven en las plazas de juegos infantiles. Los chicos se hamacaban por turno y así, por un mecanismo muy sencillo, se podía extraer agua.
Otra forma de extraer agua fue a través de su invento que consistió en una gran rueda colocada a la manera de “vuelta al mundo”, donde los chicos podían correr haciéndola girar. Eso hacía activar un bomba que extraía el agua.

Los Baños Públicos de Marsiglia. Parte 1. Don Gabriel Marsiglia, el primer hojalatero del mundo.

No eran muchos los que tenían el privilegio de poder bañarse con agua caliente en el Mercedes de 1870. Las instalaciones de las casas de esa época no tenían las suficientes instalaciones como para poder gozar de un buen baño de inmersión. Menos aún estaban al alcance de todos las bañeras, las calderas, la calefacción, por más holgura con que la familia viviera y eran pocos los que tenía agua corriente.
Don Gabriel Marsiglia, su esposa e hijos, posando para la foto.

En la esquina de 20 y 23, donde en la actualidad se encuentra el edificio de Telefónica de Argentina, vivió un hombre que llegó a Mercedes proveniente de Italia: Don Gabriel Marsiglia. Hombre culto y de gran ingenio, su inventiva era de una fecundidad extraordinaria y sus realizaciones causaban asombro, como la de sus baños públicos.
Cuenta Raúl Ortelli en su libro “La sangre en las esquinas y Romances de la Guardia” que Marsiglia era una “figura muy simpática y atrayente, enseguida de llegar se vinculó a los núcleos más importantes de la ciudad dentro, dentro de los que se movió siempre con buen estilo y máxima seguridad”. Marsiglia, empezó su vida laboral creando una hojalatería que se llamaba “La perforación del globo”. Según un aviso periodístico, era la primera del mundo. Ortelli, en su relato agrega que “anexo, creó un taller de herrería “donde se fabrican las norias primarias”. Le iba tan bien con sus negocios que hasta se podía dar el gusto de tener un pasar muy deshaogado”.
Así era la esquina de 20 y 23 (en aquél momento 26 y 17), cuando funcionaba el negocio de Marsiglia y su casa de dos pisos. Ahora, en ese mismo lugar, se encuentra el actual edificio de Telefónica.

Marsiglia siempre se destacó en la ciudad por sus inventos. El historiador Luis Villarreal, en un texto escrito en 1981 y tomado por José María Méndez en una recopilación de historia de la ciudad que se publicó en 1995 a través del Semanario Protagonistas, cuenta que Marsiglia “ideó, entre otras cosas, un Trompo Argentino, precursor del giróscopo, que mereció un primer premio en una exposición en Buenos Aires. Construyó un ventilador a pedal que con un leve esfuerzo permitía gozar de aire fresco a un grupo de personas. Pensó también una fuente iluminada, que solía ceder a la Municipalidad para que la colocada en la plaza principal los días de fiestas populares. Era tal su habilidad, -prosigue Villarreal- para el manejo de metal que con una libra esterlina había moldeado a punzón una copita sin que perdiera el dibujo original de la moneda. Esto, debió hacerlo una vez en una exposición en Capital Federal frente al presidente Julio Roca.
Hasta la década de 1970, estando ya construido el edificio de Telefónica, todavía se podían apreciar las galerías y baños de la casa de Marsiglia. Luego, al final de esa década, se demolieron las bañeras de “cal y canto” que se conservaban en excavaciones que hizo aquel dueño de “La perforación del globo”.

martes, 31 de agosto de 2010

1962, el año de los seis intendentes. Tercera parte: Elías Carlos Bracco, el Comisionado que renunció el día que lo nombraron, pero se fue 1 mes después.

La edición del domingo 29 de julio de 1962 del diario El Oeste anuncia que Muscagorry ya se hizo cargo de la intendencia. La nota, que habla sobre su discurso, dice que Muscagorry no aceptó ser Comisionado hasta no hablar con el Ministro de Obras Públicas de la provincia, el mercedino Ingeniero Petriz y “comprometer su especial esfuerzo para los caminos de esta ciudad” y que “no pediría puestos sino obras necesarias al progreso”.
El 27 de septiembre, Muscagorry presenta su renuncia como Comisionado de Mercedes ya que el interventor federal de la provincia, Ceferino Merbilhaá presentó su dimisión al cargo. En su telegrama, Muscagorry dice “Gobernó Ud. la provincia con visión de Patria. Me honré colaborando como Comisionado Municipal de este partido en su gestión inteligente y austera. Hoy que se aleja de la función pública, renuncio por este despacho la que yo desempeño”.
El 26 de octubre, el ex interventor Merbilhaá aceptó la renuncia de Muscagorry y por medio del Decreto Nº9052 se designó como Comisionado al Secretario General de la Comuna a Elías Carlos Bracco, quien puso en el cargo de Secretario General a Oscar Iglesias.
La particularidad de la historia política mercedina de ese año cuenta que Bracco el mismo día que fue designado presentó la renuncia. Bracco, en un telegrama presentado al Ministro de Gobierno de La Plata, ese mismo 26 de octubre redacto lo siguiente: “Designado Comisionado Municipal Interino de este partido por decreto Nº9052 presento a S.E. mi renuncia a ese cargo”.
Evidentemente los problemas que había a nivel provincial eran más importantes que la renuncia de un Comisionado puesto por decreto, por lo que no fue escuchada la renuncia y, un mes después, el 26 de noviembre, Bracco reitera el telegrama, publicado también en el diario El Oeste: “A S.E. el Señor Ministro de Gobierno – La Plata. Reitérole mi renuncia de Comisionado Municipal de este partido elevada el 26 de octubre, encareciendo su aceptación”
El 28 de noviembre la ciudad se despierta azotada por un huracán que produce graves daños en los techos de las casas, ya que por aquél entonces Mercedes tenía muchas antenas de televisión. También fueron derribados árboles añosos y hubo muchos problemas con los cortes de cables. En la zona rural, los frutos sufrieron del temporal, pero, agrega optimista el diario El Oeste del 29 de noviembre los “70 milímetros (son) beneficiosos para la ganadería y la agricultura”.
El 5 de diciembre, un día después de la renuncia de Álvaro Alsogaray como ministro de Economía de la Nación, se anuncia que a las 11 de la mañana del día siguiente será puesto en funciones nuevamente como Comisionado Municipal Alfredo Rodríguez de la Vega, por lo que Bracco dejará su cargo, que nunca quiso tener.
La edición de 7 de diciembre del diario El Oeste cuenta que el Comisionado renunciante, Elías Bracco, estuvo al frente de la municipalidad “como un acto de responsabilidad cívica” pero que “su carácter de interino y renunciante no le permitió hacer grandes obras”.
Rodríguez de la Vega estuvo al frente de la ciudad por casi un año, cuando dejó de ser Comisionado el 12 de octubre de 1963, al asumir Juan José Marín como intendente en la restaurada democracia gobernada por 3 años por Arturo Illia.

1962, el año de los seis intendentes. Segunda parte: El golpe a Frondizi y las renuncias de Bani y Rodríguez de la Vega.

Las elecciones del 18 de marzo en Mercedes son ganadas por la Unión Popular, la versión del peronismo liderado en el ámbito local por el médico cirujano Julio César Gioscio, quien con algo más de 40 años lograba su primera elección como Intendente, pero, al ser intervenida la provincia, poco importaba el resultado ya que no iba a poder asumir. La Unión Popular había arrasado en la provincia y eso hizo tomar la decisión de Frondizi de intervenirla.
Morra, quien estuvo al frente de la ciudad con el cargo de Comisionado, dejó de serlo el 1 de abril, que era el día en que se vencía la licencia de Bani. El 12, Bani es designado Comisionado mediante el Decreto Nacional 2642/62 firmado por el Ministro de Gobierno de Guido, Jorge Perazza, que dice en su artículo 2 que “los funcionarios al frente de los departamentos ejecutivos continuarán con sus cargos en carácter de Comisionados Municipales hasta tanto se designen los titulares”.
El 4 de mayo, día en que falleció el Obispo de Mercedes, Monseñor Vicente Aducci, el Comisionado Bani presenta al interventor de la provincia, Dr. Roberto Etchepareborda un telegrama en que no acepta ser Comisionado Interino de la Comuna y que tampoco le “es posible aceptar el cargo de Comisionado Titular” por razones personales y suena como reemplazante el joven concejal (cargo ocupado desde 1958) por la UCRI, Alfredo Rodríguez de la Vega.
El 12 de mayo a las 11 de la mañana Bani le entrega el mando al nuevo Comisionado Rodríguez de la Vega “con la satisfacción del deber cumplido”, diría en su discurso. Sobre el nuevo mandatario, dijo que “puede el pueblo de Mercedes, tener la seguridad de que no será defraudado”.











Roberto Etchepareborda, el interventor de la provincia que había designado a Bani como Comisionado, estuvo en ese cargo desde el 13 de abril hasta el 8 de junio, que es sucedido por Ceferino Merbilhaa. Este cambio de mando produce un renunciamiento masivo de los comisionados bonaerenses, incluso Rodríguez de la Vega y el sábado 21 de julio suena como posible reemplazante el Dr. Bautista Muscagorry, quien ya había sido Comisionado entre el 1 de mayo de 1955 y el 30 de abril de 1958.
El 24, los rumores eran certezas y se anuncia que el Decreto 4870 proclama a Muscagorry como Comisionado y que se haría cargo el 28 de julio. En esos 4 días, se hizo cargo del gobierno local el Contador Municipal Antonio Cangelosi.

1962, el año de los seis intendentes. Primera parte: Catalina de Morra, la primera de la Provincia.

Mucho movimiento tuvo el segundo año de la década del 60 desde el punto de vista político a nivel nacional, provincial y también local. Arturo Frondizi, derrocado el 29 de marzo por los militares fue sucedido por José María Guido. Con el peronismo proscripto, 11 días antes de la caída del gobierno radical se realizaron elecciones para elegir gobernador en la provincia de Buenos Aires. La fórmula peronista de Andrés Framini – Marcos Anglada ganó con 1.171.757 votos, mientras que el oficialismo de la Unión Cívica Radical Intransigente cosechó 731.877 y la UCR del Pueblo 627.094.
El peronismo también ganaba en Mercedes. Sobre 24.103 electores, la UP consiguió 8979, la UCRI 7196 y la UCRP 4976. Al día siguiente de haberse consumado las elecciones, Frondizi decide, para calmar los ánimos que aquejaban al país, intervenir las provincias de Tucumán, Chaco, Río Negro, Santiago del Estero y Buenos Aires, particularmente las gobernaciones ganadas por los seguidores del General Perón.
El país en 1962 tuvo dos presidentes, Frondizi y Guido; la provincia tuvo seis gobernadores, Oscar Alende (quien asumió en 1958 y gobernó hasta el día posterior a las elecciones, el 19 de marzo), Andrés Framini, quien ganó las elecciones pero no llegó a asumir y el general Salas Martínez, que fue ungido como interventor de la provincia luego del golpe y los Comisionados Nacionales Jorge Bermúdez Emparanza, Roberto Etchepareborda, Ceferino Merbilhaa y Félix Trigo Viera.
En Mercedes, en ese año, la intendencia tuvo 6 cambios de administradores, entre ellos, una mujer, de los cuales uno estuvo dos veces. Estos fueron Alfredo Bani, Catalina Carusso de Morra, Alfredo Jorge Rodríguez de la Vega y Elías Carlos Bracco.
El radical Alfredo Bani asumió como Intendente el 1 de mayo de 1958 y estuvo hasta el 12 de febrero de 1962, momento en que empezó a regir su licencia para poder encargarse de sus tareas proselitistas de cara a las elecciones del 18 de marzo siguiente.
Bani realizó el pedido de licencia el 3 de febrero y se trató el tema en la reunión que realizó el Honorable Concejo Deliberante el día 5. En el debate legislativo, se dispuso que a Bani lo suceda el primer concejal, Sr. Alfredo Di Siervi, pero este no acepto debido a su condición en el Comité de la UCRI, por lo que, luego de aceptada la dimisión, se le ofreció el cargo a quien correspondía en la lista, que era la Sra. Catalina Carusso de Morra, quien aceptó la designación. En esa misma reunión también se trató la pavimentación del camino al parque, la calle República de Chile.
El 12 de febrero a las 11 de la mañana se hizo cargo del municipio la Sra Carusso de Morra en el despacho del hasta ese entonces intendente Bani.


Catalina Carusso de Morra, su período al frente de la ciudad de Mercedes fue de 47 días. Fue la primera mujer intendente en la Provincia de Buenos Aires.

Cuenta la crónica del diario El Oeste que numerosas mujeres formaron parte de la entrega del mando, como así también varios concejales de diferentes partidos y funcionarios del municipio. Carusso de Morra, en ese momento, se coronaba como la primera intendente de la provincia de Buenos Aires. En su primer discurso, con profunda emoción, Morra calificó de “altísima distinción” su nuevo cargo y que la brevedad de su paso no permitirá que se encaren grandes obras en la ciudad, pidió a los concejales colaboración y anunció que no realizará cambios en el gabinete, por lo que, no habría ningún pedido de renuncia a los funcionarios de Bani.

domingo, 15 de agosto de 2010

CRÓNICAS MALVINERAS. La tierra prometida. Misa, recordación y respeto. Parte II

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009.

Llegado casi el mediodía se convocó a los presentes para celebrar la misa, antes de ello, quienes lo deseaban, pudieron dejar sus últimas ofrendas en el cofre empotrado en el piso, y vidriado que está ubicado delante de la escalinata de la cruz mayor, y que posteriormente fue sellado.
Los presentes comenzaron a tomar ubicación para la concelebración, aunque un pequeño grupo de familiares prefirió seguir el servicio desde las tumbas.
Cabe destacar aquí una mamá que estaba en ese momento en la tumba de su hijo. Sufrió una pequeña caída al levantarse y los presentes no se percataron inmediatamente, ya que se estaba celebrando la misa, ese fue el único momento en que dos marines británicos, ingresaron al predio para socorrerla inmediatamente, pero no fue necesario, luego de constatar que estaba bien y volvieron a su lugar fuera del perímetro.
Mientras tanto la misa culminaba, y luego de ella, se hizo un minuto de silencio por los caídos, y las autoridades de las islas que acompañaron la ceremonia, así como algunos habitantes de las islas que se acercaron al servicio con mucho respeto y se dio la orden de un toque de silencio en homenaje a los héroes caídos.

Despedirse de la Madre.

El reloj seguía marcando el camino de las horas sin detenerse. Había un avión que esperaba, pero el alma quería quedarse allí.
Todos comenzaron a acercarse a la imagen de la virgen que debía ser depositada en la ermita que durante tanto tiempo la estuvo esperando. Cada uno deseaba tocarla por última vez, rezarle una plegaria, agradecerle el haber podido llegar hasta allí, y seguramente, todos deben haber pedido poder volver.
La despedida de Omar, fue sin duda una de las más emotivas, ya que participó de cada uno de los viajes que a lo largo y ancho del continente hizo la Virgen. Él decía entre lágrimas y sollozos, ¡tanto tiempo te acompañé, para tener que dejarte aquí! Aunque obviamente, allí era ella ahora, es quien acompaña y vela el sueño eterno de nuestros héroes.
En la ermita de la Virgen de Luján, se colocaron a uno de sus costados dos floreros con flores artificiales, y a sus pies una cajita con un rosario bendito por el Papa Benedicto XVI que fue enviado desde el Vaticano para ser depositado allí. Cabe destacar que a la Comisión de Familiares llegó una nota del Nuncio Papal a quien se invitó a participar, pero lamentó no poder hacerlo, ya que el Papa hizo llegar su adhesión a la inauguración del Cenotafio.
Todos se acercaron entre lágrimas a despedir a la Madre, que los acompañó hasta allí, y deseando algún día, poder volver a rezar a sus pies.
Cuando la ermita se cerraba, y la imagen de la Virgen se veía ya solo desde un vidrio, se dieron cuenta, de que no era la única despedida que los aguardaba aquella tarde.

Continuará...

CRÓNICAS MALVINERAS. La tierra prometida. Parte I

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009.

Las piernas comenzaron a temblar cuando empezaron a recorrer las pequeñas callecitas que separan las tumbas del cementerio de Darwin. El sonido del llanto que el viento frío llevaba, calaba en el pecho y erizaba la piel. No existían allí diferencias, el llanto los hermanó a todos, como el dolor lo hizo 27 años atrás. Mujeres, hombres, jóvenes o mayores, todos compartían el mismo sentimiento.
Cuando las fuerzas parecían abandonar a alguno de ellos, como si lo hubiesen previsto de antemano, dirigían la mirada hacía la cruz mayor, donde la imagen de la Virgen se mantuvo hasta el último momento, como pidiéndole fuerzas para soportar aquel estremecedor momento.
Los familiares habían ocupado los lugares elegidos en la mayoría de los casos, ya que como hemos mencionado en crónicas anteriores, solo existen en el cementerio 101 de las 237 tumbas identificadas, en los demás sepulcros, se lee la frase “Soldado argentino solo conocido por Dios” y cada uno adopta una en especial de esas tumbas, y la toma como propia.
Allí comenzaron los rituales que cada uno decidió para homenajear a su ser amado. Se colocaron flores sabiendo que el viento no las dejaría demasiado tiempo allí. Se dejaron rosarios, plegarias, pero además de eso hubo pequeñas grandes historias de vida.
En el caso de Alejandra, ella había traído con mucho temor, en una bolsita, en el bolsillo de su pantalón, parte de las cenizas de su madre, que falleció en 2007, a 25 años de la gesta, y le pidió descansar junto a su hermano en Malvinas, Alejandra tenía 12 años cuando su hermano murió en la Batalla de Monte London. Cuando tomó la decisión de cumplir con el deseo de su madre, pensó en traer solo parte de sus cenizas, temiendo que estas fuesen decomisadas en la aduana y no pudiera recuperarlas, es por eso, que cuando embarcó, durante todo el tiempo las tuvo en su bolsillo.
Allí en Darwin se le comunicó a las autoridades inglesas su intención y le facilitaron sin inconvenientes los elementos para que enterrara los restos de su madre junto a los de su hermano, y pudo cumplir aquella misión que durante mucho tiempo catalogó de imposible.
Los minutos pasaban rápido. En este viaje habría menos tiempo que en el primero, ya que la compañía aérea, tenía pasajes vendidos a personas de otras nacionalidades, de lo que se desprendía que debía despegar a estricto horario.
Recorriendo el cementerio, se podía observar que cada uno, estaba totalmente compenetrado en su historia, esa que pretendía cerrar, como en el caso de Gloria, a quien su joven esposo le había dado un beso antes de partir hace 27 años, y lo primero que hizo fue inclinarse en su tumba para devolvérselo, ya que durante todos estos años, lo llevó en los labios, como ella misma comentó.
Mientras los familiares visitaban a sus seres queridos, psicólogos pertenecientes a Cascos Blancos, estaban ubicados en diferentes lugares del perímetro como había sucedido en el primer viaje, para contenerlos si lo necesitaban. Afortunadamente, como en el caso de la carpa sanitaria que el gobierno de las islas había destinado para emergencias, no fue necesario.
Durante la visita de los familiares a los sepulcros, en el sector de la cruz mayor, con la presencia de la Virgen a su lado, se terminaba de preparar el altar para la ceremonia religiosa, allí estaban el párroco de las islas Peter Norris, el Padre José Vicente Martínez Torrens (Veterano de Malvinas y Capellán durante el conflicto) y Monseñor Romanín, quien expresó entre otras cosas, que esta invitación a participar del viaje había sido para el un verdadero regalo de Dios y que se sentía feliz por estar en ese lugar tan querido para la iglesia, donde los excombatientes veneraron a la Madre de Dios y expresaron ante ella tantas veces sus necesidades, sentimientos, suplicios y esperanzas. Ellos serían los encargados de concelebrar la Santa Misa que estaba a minutos de comenzar.
Las sillas estaban dispuestas delante del altar para los familiares, en ese sector, también se encontraban ya el Gobernador, Vicegobernador y Jefe de Tropas de las islas, que un rato antes habían recorrido el cementerio saludando y brindando el pésame a muchos de los familiares.

domingo, 18 de julio de 2010

Cuando el río Luján tenía otro nombre

Desde el punto de vista hidrológico, el río Luján se encuentra ubicado al Noroeste de la provincia de Buenos Aires y abarca una superficie de 2690 km2. Con unos 180 kilómetros de recorrido, nace en el partido de Suipacha por la confluencia de los arroyos El Durazno y Los Leones. Desemboca en el Río de la Plata entre los partidos de Tigre y San Fernando (zona del Delta), atravesando los partidos de Mercedes, Lujan, General Rodríguez, Pilar, Belén de Escobar, Campana, Tigre y San Fernando.

Brazo del río Luján en la zona que está lindante con la Pulpería de Cacho Dicatarina y a la salida del Parque Municipal Independencia.

En 1612, Ruy Díaz de Guzmán, el primer cronista que hubo luego de la conquista del Plata, dio la versión más tradicional sobre el origen del nombre del río en su libro “La Argentina Manuscrita”, que escribió ayudado por añosos textos y por la tradición oral. El autor descendía de Irala y de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. En su obra describió la geografía de la región y a esta vía fluvial la llamó "río de Luján".

Puente sobre Avenida 29, pasando la Pulpería y antes de llegar a la entrada del sector nuevo del Parque Municipal Independencia.

Este curso de agua lleva el nombre de Luján desde 1536. Unas 800 personas vivían en el Puerto Santa María del Buen Ayre (hoy Capital Federal) cuando se fundó el 3 de febrero de ese año. En ese entonces, las tierras que ahora pertenecen a las ciudades de Luján y Mercedes estaban pobladas por indios Querandíes. Los primitivos habitantes de la zona eran los indios Lojaes. Algunos documentos indican que antes de 1536 al río ellos lo llamaban Huyan o Sehuyan, pero también las deformaciones del tiempo indican que pudo haberse llamado Suyan, Delajan o Luyan.
El 15 de junio de ese año, día de la festividad de Corpus Christi, Pedro de Mendoza mandó a su hermano Diego, al mando de una tropa de entre 300 (según Ruy Díaz de Guzmán) y 350 hombres (según Úlrico Schmidl) para vengarse del ataque sufrido meses antes por los indios. Resulta que luego de que los españoles coparan la zona donde se sitúa la Capital Federal, los indios intentaron recuperar sus tierras y mataron a 10 que estaban haciendo carbón y leña, entonces, Don Pedro de Mendoza mandó a su hermano Don Diego a vengar lo ocurrido en “la forma que le pareciese”, cuenta Díaz de Guzmán.
Diego de Mendoza salió al combate “con 300 soldados infantes, 12 de a caballo y 3 capitanes: Perafán de Rivera, Francisco Ruiz Galán y don Bartolomé de Bracamonte, y cerca de su persona a caballo don Juan Manrique, Pedro Ramiro de Guzmán, Sancho del Campo, y el capitán (Pedro de) Luján”. Caminaron cerca de 3 leguas, hasta una laguna donde hallaron indios pescando y mataron cerca de 30, luego, “se alojaron a la vera del río, de donde el hermano de “El adelantado” despachó algunos presos para que diesen aviso al cacique (…) y que no pretendía otra cosa que tener amistad”. Luego, otro día, fue al frente hasta topar los indios y ganarles territorio, pero “llegados a un desaguadero de la laguna, descubrieron más de tres mil indios de guerra”, muy bien armados.
“Señores, pasemos a la otra banda y rompamos estos bárbaros: vaya la infantería delante haciendo frente, y déles una rociada, para que los de a caballo podamos sin dificultad salir a escaramucear con ellos y a desbaratarlos”, fue la orden de Don Diego de Mendoza, a pesar de que algunos capitanes aconsejaron lo contrario.
La batalla fue dura. Entre otros, Diego de Mendoza fue alcanzado por una bola de fuego que le produjo la muerte. Sigue contando Díaz de Guzmán que “(Pedro de) Luján y Sancho del Campo andaban muy mal heridos escaramuceando entre los indios”. “Luján y otro caballero, por disparar sus caballos, salieron sin poderlos sujetar ni detenerlos, por estar muy heridos, los cuales llegando a la orilla de un río que hoy llaman de Luján, ambos cayeron muertos, como después se vio, porque hallaron los huesos, y uno de los caballos vivo; de cuyo suceso se le quedó el nombre a este río. Sancho del Campo y Francisco Ruiz recogieron la gente que por todos fueron 140 de a pie, y cinco de a caballo; y como de estos venían muchos heridos y desangrados, aquella noche se fueron quedando, donde acabaron de hambre y sed sin poderlos remediar, y quedaron solos de toda aquella tropa 80 personas.”
A la zona luego se la denominó "Valle de la Muerte", "Valle de la Matanza", o "Valle de Corpus Christi"" (por la batalla de 1536) y al lugar que hoy Luján ocupa como ciudad, se la llamó "El Árbol Solo", en función de un inmenso sauce solitario que sirvió de referencia territorial para el reparto de tierras.

Pasarela del Parque Municipal Independencia que une ambos sectores.

Todos estos nombres fueron conservados por Juan de Garay al repoblar la zona en 1580. La villa fue, desde su origen en el siglo XVIII, tránsito obligado en las rutas hacia el norte y el oeste.
Se pasaba sobre el río Luján y por eso también se asentó una "guardia", cuya función era el control de mercaderías para evitar el contrabando. Durante el siglo XVIII salían desde aquí, cada dos años, las expediciones que iban a aprovisionarse de sal a las Salinas Grandes. Para eso, luego fue necesario crear un “fuerte” que separara esa villa de los indios, que hoy es la ciudad de Mercedes.

ACLARACIÓN: Cuando se pone (Pedro de) Luján, se lo pone así porque nunca se pudo clarificar si el capitán Luján se llamaba Pedro de Luján o Diego de Luján. En algunos casos ni siquiera aparece su nombre de pila, como en los textos de Ruy Díaz de Guzmán.

domingo, 20 de junio de 2010

Sobre brujos y curanderas III. Doña Rosaura Giménez, maestra en daño y ligadura. Segunda parte.

La ligadura o el lazo ahora es un rato que está bastante retirado de la sociedad, aunque en varias provincias del norte argentino se sigue practicando.
Polvo de panza de araña echado en el mate era una fórmula muy usada y, si no funcionaba, un mechón de la persona a contraer y, junto con ese polvo, la bruja formaba un paquetito que se debía ubicar debajo de la cama de la moza.
En otros casos se le echaba mano a la fotografía. Los ojos y la boca se atravesaban con alfileres “patas para arriba” hasta advertir que el sujeto comenzaba a aflojar o a “cabestrear”, como decía la bruja.
En algunas partes del litoral argentino, por los años ´20, se utilizaba una vela y 9 alfileres. La vela representaba al hombre que se pretendía ligar, en cuyo cuerpo se clavan los alfileres del esta forma: tres en la parte superior de la vela, mientras se dice “No es vela la que clavo, es el corazón de (nombre del sujeto) para que no quiera más que a mi”. Luego, clavando otros alfileres dirá: “Clavo tu cabeza para que no pienses más que en mi”. Clavará también en la zona de brazos y piernas al rezo de “clavo tus pies para que sólo vayan camino a mi casa y clavo tus brazos para que no estrechen a nadie más que a mí”. Esto se hará por espacio de nueve jornadas, a mediodía y a la medianoche.
Cuenta Ortelli que Rosaura tenía pinchados sobre una toronja cientos de alfileres y que los ubicaba sobre los retratos, ya al natural y también calentados en una lámpara. También recomendaba, para curar el daño y la ligadura, largas sesiones de rezos y oraciones y cuando esto no daba el resultado esperado, en el caso del daño, hacia pasar de noche junto a la puerta del sospechado de la maldad y dejar caer allí una cruz formada con dos palitos de ruda.
Ni lerda ni perezosa, la bruja vendía por cincuenta centavos unos escapularios de género de cinco centímetros de largo por tres de ancho para evitar los efectos de otra brujería. Eran una especia de bolsitas que contenían yuyos picados, cabellos y ciertas partículas no identificadas; algo así, cuenta Ortelli, como un amuleto que mucha gente llevaba prendido o cosido en la ropa interior o en un bolsillo.
Un caso de ojeadura en un chico o un grande era una cosa muy sencilla de curar para esta mujer. Tiraba las cartas y ofrecía por cinco pesos unos misteriosos paquetitos para tener suerte en el amor, aunque su fuerte siempre fueron los yuyos.
Entre su clientela predominaban las mujeres. Además, elaboraba una pomada para eczemas de resultados muy positivos y si bien se sabía que en el compuesto entraba malva hervida, se ignoraba el nombre del otro yuyo, que tenía un poder desinfectante.
Abruptamente Doña Rosaura Giménez dejó la curandería y pasó a rezar en los velorios. Nunca se supo exactamente el porqué, pero en los años ´10 era muy común verla, casi siempre trabajando para la misma empresa funeraria, rezando en los velorios. (VER Velorio del Angelito)

Sobre brujos y curanderas III. Doña Rosaura Giménez, maestra en daño y ligadura. Primera parte.

Los pobladores de Mercedes de fines del siglo XIX y principios del XX preferían casi siempre al mano santa antes que a aquél que había estudiado medicina en una universidad. La incultura que reinaba en ese entonces en los pueblos de este tipo permitía que la gente concurra a curarse con cualquier otra persona antes que con un médico. Además, la gente tenía miedo a estar en la camilla, a ser auscultado y a esos clásicos golpecitos en la espalda para saber cuál es el estado de los pulmones. Además, eran pocos los facultativos que había en el pueblo en aquélla época.
Cuenta Raúl Ortelli en su libro Brujos y Curanderas (Ed. Spalla, año 1966) que en esa época, una de las famosas curanderas que tenía la ciudad era Doña Rosaura Giménez y era siempre requerida porque curaba con yuyos, con palabras y hasta con partes de animales. Por ejemplo, recomendaba hervir una pezuña de vaca para neutralizar las molestias hepáticas. Con menta, miel y otras yerbas preparaba un jarabe infalible para la tos y en cuanto al reuma recetaba vino hervido con hojas de sauce o un caldo de apio.
Otro de los remedios que figuraban en el vademécum de Doña Rosaura era un pañuelo de hilo empapado con agua de pozo para el dolor de cabeza. Este pañuelo había que ponérselo sobre la frente cada dos minutos. Además, ya sea para humanos o para caballos, recomendaba poner un manojo de alfalfa debajo del colchón para detener la orina.
Esta magnífica curandera practicaba el daño y el ligamiento con alfileres colocados en cruz sobre el retrato o una prenda íntima del destinatario de la brujería, y agregaba, como complemento, extracto de limones verdes.