martes, 31 de agosto de 2010

1962, el año de los seis intendentes. Tercera parte: Elías Carlos Bracco, el Comisionado que renunció el día que lo nombraron, pero se fue 1 mes después.

La edición del domingo 29 de julio de 1962 del diario El Oeste anuncia que Muscagorry ya se hizo cargo de la intendencia. La nota, que habla sobre su discurso, dice que Muscagorry no aceptó ser Comisionado hasta no hablar con el Ministro de Obras Públicas de la provincia, el mercedino Ingeniero Petriz y “comprometer su especial esfuerzo para los caminos de esta ciudad” y que “no pediría puestos sino obras necesarias al progreso”.
El 27 de septiembre, Muscagorry presenta su renuncia como Comisionado de Mercedes ya que el interventor federal de la provincia, Ceferino Merbilhaá presentó su dimisión al cargo. En su telegrama, Muscagorry dice “Gobernó Ud. la provincia con visión de Patria. Me honré colaborando como Comisionado Municipal de este partido en su gestión inteligente y austera. Hoy que se aleja de la función pública, renuncio por este despacho la que yo desempeño”.
El 26 de octubre, el ex interventor Merbilhaá aceptó la renuncia de Muscagorry y por medio del Decreto Nº9052 se designó como Comisionado al Secretario General de la Comuna a Elías Carlos Bracco, quien puso en el cargo de Secretario General a Oscar Iglesias.
La particularidad de la historia política mercedina de ese año cuenta que Bracco el mismo día que fue designado presentó la renuncia. Bracco, en un telegrama presentado al Ministro de Gobierno de La Plata, ese mismo 26 de octubre redacto lo siguiente: “Designado Comisionado Municipal Interino de este partido por decreto Nº9052 presento a S.E. mi renuncia a ese cargo”.
Evidentemente los problemas que había a nivel provincial eran más importantes que la renuncia de un Comisionado puesto por decreto, por lo que no fue escuchada la renuncia y, un mes después, el 26 de noviembre, Bracco reitera el telegrama, publicado también en el diario El Oeste: “A S.E. el Señor Ministro de Gobierno – La Plata. Reitérole mi renuncia de Comisionado Municipal de este partido elevada el 26 de octubre, encareciendo su aceptación”
El 28 de noviembre la ciudad se despierta azotada por un huracán que produce graves daños en los techos de las casas, ya que por aquél entonces Mercedes tenía muchas antenas de televisión. También fueron derribados árboles añosos y hubo muchos problemas con los cortes de cables. En la zona rural, los frutos sufrieron del temporal, pero, agrega optimista el diario El Oeste del 29 de noviembre los “70 milímetros (son) beneficiosos para la ganadería y la agricultura”.
El 5 de diciembre, un día después de la renuncia de Álvaro Alsogaray como ministro de Economía de la Nación, se anuncia que a las 11 de la mañana del día siguiente será puesto en funciones nuevamente como Comisionado Municipal Alfredo Rodríguez de la Vega, por lo que Bracco dejará su cargo, que nunca quiso tener.
La edición de 7 de diciembre del diario El Oeste cuenta que el Comisionado renunciante, Elías Bracco, estuvo al frente de la municipalidad “como un acto de responsabilidad cívica” pero que “su carácter de interino y renunciante no le permitió hacer grandes obras”.
Rodríguez de la Vega estuvo al frente de la ciudad por casi un año, cuando dejó de ser Comisionado el 12 de octubre de 1963, al asumir Juan José Marín como intendente en la restaurada democracia gobernada por 3 años por Arturo Illia.

1962, el año de los seis intendentes. Segunda parte: El golpe a Frondizi y las renuncias de Bani y Rodríguez de la Vega.

Las elecciones del 18 de marzo en Mercedes son ganadas por la Unión Popular, la versión del peronismo liderado en el ámbito local por el médico cirujano Julio César Gioscio, quien con algo más de 40 años lograba su primera elección como Intendente, pero, al ser intervenida la provincia, poco importaba el resultado ya que no iba a poder asumir. La Unión Popular había arrasado en la provincia y eso hizo tomar la decisión de Frondizi de intervenirla.
Morra, quien estuvo al frente de la ciudad con el cargo de Comisionado, dejó de serlo el 1 de abril, que era el día en que se vencía la licencia de Bani. El 12, Bani es designado Comisionado mediante el Decreto Nacional 2642/62 firmado por el Ministro de Gobierno de Guido, Jorge Perazza, que dice en su artículo 2 que “los funcionarios al frente de los departamentos ejecutivos continuarán con sus cargos en carácter de Comisionados Municipales hasta tanto se designen los titulares”.
El 4 de mayo, día en que falleció el Obispo de Mercedes, Monseñor Vicente Aducci, el Comisionado Bani presenta al interventor de la provincia, Dr. Roberto Etchepareborda un telegrama en que no acepta ser Comisionado Interino de la Comuna y que tampoco le “es posible aceptar el cargo de Comisionado Titular” por razones personales y suena como reemplazante el joven concejal (cargo ocupado desde 1958) por la UCRI, Alfredo Rodríguez de la Vega.
El 12 de mayo a las 11 de la mañana Bani le entrega el mando al nuevo Comisionado Rodríguez de la Vega “con la satisfacción del deber cumplido”, diría en su discurso. Sobre el nuevo mandatario, dijo que “puede el pueblo de Mercedes, tener la seguridad de que no será defraudado”.











Roberto Etchepareborda, el interventor de la provincia que había designado a Bani como Comisionado, estuvo en ese cargo desde el 13 de abril hasta el 8 de junio, que es sucedido por Ceferino Merbilhaa. Este cambio de mando produce un renunciamiento masivo de los comisionados bonaerenses, incluso Rodríguez de la Vega y el sábado 21 de julio suena como posible reemplazante el Dr. Bautista Muscagorry, quien ya había sido Comisionado entre el 1 de mayo de 1955 y el 30 de abril de 1958.
El 24, los rumores eran certezas y se anuncia que el Decreto 4870 proclama a Muscagorry como Comisionado y que se haría cargo el 28 de julio. En esos 4 días, se hizo cargo del gobierno local el Contador Municipal Antonio Cangelosi.

1962, el año de los seis intendentes. Primera parte: Catalina de Morra, la primera de la Provincia.

Mucho movimiento tuvo el segundo año de la década del 60 desde el punto de vista político a nivel nacional, provincial y también local. Arturo Frondizi, derrocado el 29 de marzo por los militares fue sucedido por José María Guido. Con el peronismo proscripto, 11 días antes de la caída del gobierno radical se realizaron elecciones para elegir gobernador en la provincia de Buenos Aires. La fórmula peronista de Andrés Framini – Marcos Anglada ganó con 1.171.757 votos, mientras que el oficialismo de la Unión Cívica Radical Intransigente cosechó 731.877 y la UCR del Pueblo 627.094.
El peronismo también ganaba en Mercedes. Sobre 24.103 electores, la UP consiguió 8979, la UCRI 7196 y la UCRP 4976. Al día siguiente de haberse consumado las elecciones, Frondizi decide, para calmar los ánimos que aquejaban al país, intervenir las provincias de Tucumán, Chaco, Río Negro, Santiago del Estero y Buenos Aires, particularmente las gobernaciones ganadas por los seguidores del General Perón.
El país en 1962 tuvo dos presidentes, Frondizi y Guido; la provincia tuvo seis gobernadores, Oscar Alende (quien asumió en 1958 y gobernó hasta el día posterior a las elecciones, el 19 de marzo), Andrés Framini, quien ganó las elecciones pero no llegó a asumir y el general Salas Martínez, que fue ungido como interventor de la provincia luego del golpe y los Comisionados Nacionales Jorge Bermúdez Emparanza, Roberto Etchepareborda, Ceferino Merbilhaa y Félix Trigo Viera.
En Mercedes, en ese año, la intendencia tuvo 6 cambios de administradores, entre ellos, una mujer, de los cuales uno estuvo dos veces. Estos fueron Alfredo Bani, Catalina Carusso de Morra, Alfredo Jorge Rodríguez de la Vega y Elías Carlos Bracco.
El radical Alfredo Bani asumió como Intendente el 1 de mayo de 1958 y estuvo hasta el 12 de febrero de 1962, momento en que empezó a regir su licencia para poder encargarse de sus tareas proselitistas de cara a las elecciones del 18 de marzo siguiente.
Bani realizó el pedido de licencia el 3 de febrero y se trató el tema en la reunión que realizó el Honorable Concejo Deliberante el día 5. En el debate legislativo, se dispuso que a Bani lo suceda el primer concejal, Sr. Alfredo Di Siervi, pero este no acepto debido a su condición en el Comité de la UCRI, por lo que, luego de aceptada la dimisión, se le ofreció el cargo a quien correspondía en la lista, que era la Sra. Catalina Carusso de Morra, quien aceptó la designación. En esa misma reunión también se trató la pavimentación del camino al parque, la calle República de Chile.
El 12 de febrero a las 11 de la mañana se hizo cargo del municipio la Sra Carusso de Morra en el despacho del hasta ese entonces intendente Bani.


Catalina Carusso de Morra, su período al frente de la ciudad de Mercedes fue de 47 días. Fue la primera mujer intendente en la Provincia de Buenos Aires.

Cuenta la crónica del diario El Oeste que numerosas mujeres formaron parte de la entrega del mando, como así también varios concejales de diferentes partidos y funcionarios del municipio. Carusso de Morra, en ese momento, se coronaba como la primera intendente de la provincia de Buenos Aires. En su primer discurso, con profunda emoción, Morra calificó de “altísima distinción” su nuevo cargo y que la brevedad de su paso no permitirá que se encaren grandes obras en la ciudad, pidió a los concejales colaboración y anunció que no realizará cambios en el gabinete, por lo que, no habría ningún pedido de renuncia a los funcionarios de Bani.

domingo, 15 de agosto de 2010

CRÓNICAS MALVINERAS. La tierra prometida. Misa, recordación y respeto. Parte II

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009.

Llegado casi el mediodía se convocó a los presentes para celebrar la misa, antes de ello, quienes lo deseaban, pudieron dejar sus últimas ofrendas en el cofre empotrado en el piso, y vidriado que está ubicado delante de la escalinata de la cruz mayor, y que posteriormente fue sellado.
Los presentes comenzaron a tomar ubicación para la concelebración, aunque un pequeño grupo de familiares prefirió seguir el servicio desde las tumbas.
Cabe destacar aquí una mamá que estaba en ese momento en la tumba de su hijo. Sufrió una pequeña caída al levantarse y los presentes no se percataron inmediatamente, ya que se estaba celebrando la misa, ese fue el único momento en que dos marines británicos, ingresaron al predio para socorrerla inmediatamente, pero no fue necesario, luego de constatar que estaba bien y volvieron a su lugar fuera del perímetro.
Mientras tanto la misa culminaba, y luego de ella, se hizo un minuto de silencio por los caídos, y las autoridades de las islas que acompañaron la ceremonia, así como algunos habitantes de las islas que se acercaron al servicio con mucho respeto y se dio la orden de un toque de silencio en homenaje a los héroes caídos.

Despedirse de la Madre.

El reloj seguía marcando el camino de las horas sin detenerse. Había un avión que esperaba, pero el alma quería quedarse allí.
Todos comenzaron a acercarse a la imagen de la virgen que debía ser depositada en la ermita que durante tanto tiempo la estuvo esperando. Cada uno deseaba tocarla por última vez, rezarle una plegaria, agradecerle el haber podido llegar hasta allí, y seguramente, todos deben haber pedido poder volver.
La despedida de Omar, fue sin duda una de las más emotivas, ya que participó de cada uno de los viajes que a lo largo y ancho del continente hizo la Virgen. Él decía entre lágrimas y sollozos, ¡tanto tiempo te acompañé, para tener que dejarte aquí! Aunque obviamente, allí era ella ahora, es quien acompaña y vela el sueño eterno de nuestros héroes.
En la ermita de la Virgen de Luján, se colocaron a uno de sus costados dos floreros con flores artificiales, y a sus pies una cajita con un rosario bendito por el Papa Benedicto XVI que fue enviado desde el Vaticano para ser depositado allí. Cabe destacar que a la Comisión de Familiares llegó una nota del Nuncio Papal a quien se invitó a participar, pero lamentó no poder hacerlo, ya que el Papa hizo llegar su adhesión a la inauguración del Cenotafio.
Todos se acercaron entre lágrimas a despedir a la Madre, que los acompañó hasta allí, y deseando algún día, poder volver a rezar a sus pies.
Cuando la ermita se cerraba, y la imagen de la Virgen se veía ya solo desde un vidrio, se dieron cuenta, de que no era la única despedida que los aguardaba aquella tarde.

Continuará...

CRÓNICAS MALVINERAS. La tierra prometida. Parte I

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009.

Las piernas comenzaron a temblar cuando empezaron a recorrer las pequeñas callecitas que separan las tumbas del cementerio de Darwin. El sonido del llanto que el viento frío llevaba, calaba en el pecho y erizaba la piel. No existían allí diferencias, el llanto los hermanó a todos, como el dolor lo hizo 27 años atrás. Mujeres, hombres, jóvenes o mayores, todos compartían el mismo sentimiento.
Cuando las fuerzas parecían abandonar a alguno de ellos, como si lo hubiesen previsto de antemano, dirigían la mirada hacía la cruz mayor, donde la imagen de la Virgen se mantuvo hasta el último momento, como pidiéndole fuerzas para soportar aquel estremecedor momento.
Los familiares habían ocupado los lugares elegidos en la mayoría de los casos, ya que como hemos mencionado en crónicas anteriores, solo existen en el cementerio 101 de las 237 tumbas identificadas, en los demás sepulcros, se lee la frase “Soldado argentino solo conocido por Dios” y cada uno adopta una en especial de esas tumbas, y la toma como propia.
Allí comenzaron los rituales que cada uno decidió para homenajear a su ser amado. Se colocaron flores sabiendo que el viento no las dejaría demasiado tiempo allí. Se dejaron rosarios, plegarias, pero además de eso hubo pequeñas grandes historias de vida.
En el caso de Alejandra, ella había traído con mucho temor, en una bolsita, en el bolsillo de su pantalón, parte de las cenizas de su madre, que falleció en 2007, a 25 años de la gesta, y le pidió descansar junto a su hermano en Malvinas, Alejandra tenía 12 años cuando su hermano murió en la Batalla de Monte London. Cuando tomó la decisión de cumplir con el deseo de su madre, pensó en traer solo parte de sus cenizas, temiendo que estas fuesen decomisadas en la aduana y no pudiera recuperarlas, es por eso, que cuando embarcó, durante todo el tiempo las tuvo en su bolsillo.
Allí en Darwin se le comunicó a las autoridades inglesas su intención y le facilitaron sin inconvenientes los elementos para que enterrara los restos de su madre junto a los de su hermano, y pudo cumplir aquella misión que durante mucho tiempo catalogó de imposible.
Los minutos pasaban rápido. En este viaje habría menos tiempo que en el primero, ya que la compañía aérea, tenía pasajes vendidos a personas de otras nacionalidades, de lo que se desprendía que debía despegar a estricto horario.
Recorriendo el cementerio, se podía observar que cada uno, estaba totalmente compenetrado en su historia, esa que pretendía cerrar, como en el caso de Gloria, a quien su joven esposo le había dado un beso antes de partir hace 27 años, y lo primero que hizo fue inclinarse en su tumba para devolvérselo, ya que durante todos estos años, lo llevó en los labios, como ella misma comentó.
Mientras los familiares visitaban a sus seres queridos, psicólogos pertenecientes a Cascos Blancos, estaban ubicados en diferentes lugares del perímetro como había sucedido en el primer viaje, para contenerlos si lo necesitaban. Afortunadamente, como en el caso de la carpa sanitaria que el gobierno de las islas había destinado para emergencias, no fue necesario.
Durante la visita de los familiares a los sepulcros, en el sector de la cruz mayor, con la presencia de la Virgen a su lado, se terminaba de preparar el altar para la ceremonia religiosa, allí estaban el párroco de las islas Peter Norris, el Padre José Vicente Martínez Torrens (Veterano de Malvinas y Capellán durante el conflicto) y Monseñor Romanín, quien expresó entre otras cosas, que esta invitación a participar del viaje había sido para el un verdadero regalo de Dios y que se sentía feliz por estar en ese lugar tan querido para la iglesia, donde los excombatientes veneraron a la Madre de Dios y expresaron ante ella tantas veces sus necesidades, sentimientos, suplicios y esperanzas. Ellos serían los encargados de concelebrar la Santa Misa que estaba a minutos de comenzar.
Las sillas estaban dispuestas delante del altar para los familiares, en ese sector, también se encontraban ya el Gobernador, Vicegobernador y Jefe de Tropas de las islas, que un rato antes habían recorrido el cementerio saludando y brindando el pésame a muchos de los familiares.

domingo, 18 de julio de 2010

Cuando el río Luján tenía otro nombre

Desde el punto de vista hidrológico, el río Luján se encuentra ubicado al Noroeste de la provincia de Buenos Aires y abarca una superficie de 2690 km2. Con unos 180 kilómetros de recorrido, nace en el partido de Suipacha por la confluencia de los arroyos El Durazno y Los Leones. Desemboca en el Río de la Plata entre los partidos de Tigre y San Fernando (zona del Delta), atravesando los partidos de Mercedes, Lujan, General Rodríguez, Pilar, Belén de Escobar, Campana, Tigre y San Fernando.

Brazo del río Luján en la zona que está lindante con la Pulpería de Cacho Dicatarina y a la salida del Parque Municipal Independencia.

En 1612, Ruy Díaz de Guzmán, el primer cronista que hubo luego de la conquista del Plata, dio la versión más tradicional sobre el origen del nombre del río en su libro “La Argentina Manuscrita”, que escribió ayudado por añosos textos y por la tradición oral. El autor descendía de Irala y de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. En su obra describió la geografía de la región y a esta vía fluvial la llamó "río de Luján".

Puente sobre Avenida 29, pasando la Pulpería y antes de llegar a la entrada del sector nuevo del Parque Municipal Independencia.

Este curso de agua lleva el nombre de Luján desde 1536. Unas 800 personas vivían en el Puerto Santa María del Buen Ayre (hoy Capital Federal) cuando se fundó el 3 de febrero de ese año. En ese entonces, las tierras que ahora pertenecen a las ciudades de Luján y Mercedes estaban pobladas por indios Querandíes. Los primitivos habitantes de la zona eran los indios Lojaes. Algunos documentos indican que antes de 1536 al río ellos lo llamaban Huyan o Sehuyan, pero también las deformaciones del tiempo indican que pudo haberse llamado Suyan, Delajan o Luyan.
El 15 de junio de ese año, día de la festividad de Corpus Christi, Pedro de Mendoza mandó a su hermano Diego, al mando de una tropa de entre 300 (según Ruy Díaz de Guzmán) y 350 hombres (según Úlrico Schmidl) para vengarse del ataque sufrido meses antes por los indios. Resulta que luego de que los españoles coparan la zona donde se sitúa la Capital Federal, los indios intentaron recuperar sus tierras y mataron a 10 que estaban haciendo carbón y leña, entonces, Don Pedro de Mendoza mandó a su hermano Don Diego a vengar lo ocurrido en “la forma que le pareciese”, cuenta Díaz de Guzmán.
Diego de Mendoza salió al combate “con 300 soldados infantes, 12 de a caballo y 3 capitanes: Perafán de Rivera, Francisco Ruiz Galán y don Bartolomé de Bracamonte, y cerca de su persona a caballo don Juan Manrique, Pedro Ramiro de Guzmán, Sancho del Campo, y el capitán (Pedro de) Luján”. Caminaron cerca de 3 leguas, hasta una laguna donde hallaron indios pescando y mataron cerca de 30, luego, “se alojaron a la vera del río, de donde el hermano de “El adelantado” despachó algunos presos para que diesen aviso al cacique (…) y que no pretendía otra cosa que tener amistad”. Luego, otro día, fue al frente hasta topar los indios y ganarles territorio, pero “llegados a un desaguadero de la laguna, descubrieron más de tres mil indios de guerra”, muy bien armados.
“Señores, pasemos a la otra banda y rompamos estos bárbaros: vaya la infantería delante haciendo frente, y déles una rociada, para que los de a caballo podamos sin dificultad salir a escaramucear con ellos y a desbaratarlos”, fue la orden de Don Diego de Mendoza, a pesar de que algunos capitanes aconsejaron lo contrario.
La batalla fue dura. Entre otros, Diego de Mendoza fue alcanzado por una bola de fuego que le produjo la muerte. Sigue contando Díaz de Guzmán que “(Pedro de) Luján y Sancho del Campo andaban muy mal heridos escaramuceando entre los indios”. “Luján y otro caballero, por disparar sus caballos, salieron sin poderlos sujetar ni detenerlos, por estar muy heridos, los cuales llegando a la orilla de un río que hoy llaman de Luján, ambos cayeron muertos, como después se vio, porque hallaron los huesos, y uno de los caballos vivo; de cuyo suceso se le quedó el nombre a este río. Sancho del Campo y Francisco Ruiz recogieron la gente que por todos fueron 140 de a pie, y cinco de a caballo; y como de estos venían muchos heridos y desangrados, aquella noche se fueron quedando, donde acabaron de hambre y sed sin poderlos remediar, y quedaron solos de toda aquella tropa 80 personas.”
A la zona luego se la denominó "Valle de la Muerte", "Valle de la Matanza", o "Valle de Corpus Christi"" (por la batalla de 1536) y al lugar que hoy Luján ocupa como ciudad, se la llamó "El Árbol Solo", en función de un inmenso sauce solitario que sirvió de referencia territorial para el reparto de tierras.

Pasarela del Parque Municipal Independencia que une ambos sectores.

Todos estos nombres fueron conservados por Juan de Garay al repoblar la zona en 1580. La villa fue, desde su origen en el siglo XVIII, tránsito obligado en las rutas hacia el norte y el oeste.
Se pasaba sobre el río Luján y por eso también se asentó una "guardia", cuya función era el control de mercaderías para evitar el contrabando. Durante el siglo XVIII salían desde aquí, cada dos años, las expediciones que iban a aprovisionarse de sal a las Salinas Grandes. Para eso, luego fue necesario crear un “fuerte” que separara esa villa de los indios, que hoy es la ciudad de Mercedes.

ACLARACIÓN: Cuando se pone (Pedro de) Luján, se lo pone así porque nunca se pudo clarificar si el capitán Luján se llamaba Pedro de Luján o Diego de Luján. En algunos casos ni siquiera aparece su nombre de pila, como en los textos de Ruy Díaz de Guzmán.

domingo, 20 de junio de 2010

Sobre brujos y curanderas III. Doña Rosaura Giménez, maestra en daño y ligadura. Segunda parte.

La ligadura o el lazo ahora es un rato que está bastante retirado de la sociedad, aunque en varias provincias del norte argentino se sigue practicando.
Polvo de panza de araña echado en el mate era una fórmula muy usada y, si no funcionaba, un mechón de la persona a contraer y, junto con ese polvo, la bruja formaba un paquetito que se debía ubicar debajo de la cama de la moza.
En otros casos se le echaba mano a la fotografía. Los ojos y la boca se atravesaban con alfileres “patas para arriba” hasta advertir que el sujeto comenzaba a aflojar o a “cabestrear”, como decía la bruja.
En algunas partes del litoral argentino, por los años ´20, se utilizaba una vela y 9 alfileres. La vela representaba al hombre que se pretendía ligar, en cuyo cuerpo se clavan los alfileres del esta forma: tres en la parte superior de la vela, mientras se dice “No es vela la que clavo, es el corazón de (nombre del sujeto) para que no quiera más que a mi”. Luego, clavando otros alfileres dirá: “Clavo tu cabeza para que no pienses más que en mi”. Clavará también en la zona de brazos y piernas al rezo de “clavo tus pies para que sólo vayan camino a mi casa y clavo tus brazos para que no estrechen a nadie más que a mí”. Esto se hará por espacio de nueve jornadas, a mediodía y a la medianoche.
Cuenta Ortelli que Rosaura tenía pinchados sobre una toronja cientos de alfileres y que los ubicaba sobre los retratos, ya al natural y también calentados en una lámpara. También recomendaba, para curar el daño y la ligadura, largas sesiones de rezos y oraciones y cuando esto no daba el resultado esperado, en el caso del daño, hacia pasar de noche junto a la puerta del sospechado de la maldad y dejar caer allí una cruz formada con dos palitos de ruda.
Ni lerda ni perezosa, la bruja vendía por cincuenta centavos unos escapularios de género de cinco centímetros de largo por tres de ancho para evitar los efectos de otra brujería. Eran una especia de bolsitas que contenían yuyos picados, cabellos y ciertas partículas no identificadas; algo así, cuenta Ortelli, como un amuleto que mucha gente llevaba prendido o cosido en la ropa interior o en un bolsillo.
Un caso de ojeadura en un chico o un grande era una cosa muy sencilla de curar para esta mujer. Tiraba las cartas y ofrecía por cinco pesos unos misteriosos paquetitos para tener suerte en el amor, aunque su fuerte siempre fueron los yuyos.
Entre su clientela predominaban las mujeres. Además, elaboraba una pomada para eczemas de resultados muy positivos y si bien se sabía que en el compuesto entraba malva hervida, se ignoraba el nombre del otro yuyo, que tenía un poder desinfectante.
Abruptamente Doña Rosaura Giménez dejó la curandería y pasó a rezar en los velorios. Nunca se supo exactamente el porqué, pero en los años ´10 era muy común verla, casi siempre trabajando para la misma empresa funeraria, rezando en los velorios. (VER Velorio del Angelito)

Sobre brujos y curanderas III. Doña Rosaura Giménez, maestra en daño y ligadura. Primera parte.

Los pobladores de Mercedes de fines del siglo XIX y principios del XX preferían casi siempre al mano santa antes que a aquél que había estudiado medicina en una universidad. La incultura que reinaba en ese entonces en los pueblos de este tipo permitía que la gente concurra a curarse con cualquier otra persona antes que con un médico. Además, la gente tenía miedo a estar en la camilla, a ser auscultado y a esos clásicos golpecitos en la espalda para saber cuál es el estado de los pulmones. Además, eran pocos los facultativos que había en el pueblo en aquélla época.
Cuenta Raúl Ortelli en su libro Brujos y Curanderas (Ed. Spalla, año 1966) que en esa época, una de las famosas curanderas que tenía la ciudad era Doña Rosaura Giménez y era siempre requerida porque curaba con yuyos, con palabras y hasta con partes de animales. Por ejemplo, recomendaba hervir una pezuña de vaca para neutralizar las molestias hepáticas. Con menta, miel y otras yerbas preparaba un jarabe infalible para la tos y en cuanto al reuma recetaba vino hervido con hojas de sauce o un caldo de apio.
Otro de los remedios que figuraban en el vademécum de Doña Rosaura era un pañuelo de hilo empapado con agua de pozo para el dolor de cabeza. Este pañuelo había que ponérselo sobre la frente cada dos minutos. Además, ya sea para humanos o para caballos, recomendaba poner un manojo de alfalfa debajo del colchón para detener la orina.
Esta magnífica curandera practicaba el daño y el ligamiento con alfileres colocados en cruz sobre el retrato o una prenda íntima del destinatario de la brujería, y agregaba, como complemento, extracto de limones verdes.

domingo, 6 de junio de 2010

CRONICAS MALVINERAS. La última noche antes de volver a las islas. Destino final, Darwin. Parte II.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009.

Como en el viaje del día 3, un grupo de vehículos aguardaba a los familiares para trasladarlos al Cementerio de Darwin. Solo 40 Km. de camino de ripio los separaban de su cometido y poder llegar a la tumba del ser querido que había dado la vida por la patria.
Mientras la hilera de móviles se ponía en marcha, un helicóptero despegaba llevando a integrantes de la Comisión, coordinadores y algunos Cascos Blancos, para que al llegar a Darwin el contingente, ya estuvieran aguardándolos.
A pesar de que algunos rayos de sol comenzaron a asomarse, y el cielo a disipar su color plomizo, el camino les iría mostrando su paisaje agreste, sin árboles, solo con una gramilla amarillenta como toda vegetación, los montes que se dejaban ver a lo lejos, daban pie para que algunos familiares cuyos seres queridos habían caído allí, pudiesen quizás imaginar donde y como había sucedido.
Dentro de esos vehículos que avanzaban lentamente por el sendero formando una caravana había decenas de historias, únicas e irrepetibles como la de Alejandra, que llevaba en su mano en uno de sus bolsillos apretando una bolsita de nylon, en la que tenía parte de las cenizas de su madre, cuyo último deseo había sido descansar con su hijo en el cementerio de Darwin.
Imágen del aerpuerto de Darwin, en Malvinas.
O la del pequeño nieto de un héroe, de solo 5 años, que sin saberlo ya formaba parte de la historia, porque fue el primer nieto de un caído que pisó tierra malvinense; o la de Olga, que con 18 años y dos hijos vio partir a su marido que nunca regresó.
Son tantas las historias de vida que Malvinas encierra, y los sentimientos guardados durante 27 años que pugnaban por salir a la luz, aprisionados en el pecho, con el corazón palpitando cada vez mas fuerte, sabiendo que cada kilómetro recorrido, era un paso menos para poder sacarlos de adentro, y dejarlos como ofrenda al pie de la tumba del ser amado.
A lo lejos, algunos puntos blancos que fueron tomando forma conforme se acercaban, comenzaron a delinear la silueta del cementerio, solito, allí en medio de la nada, entre dos colinas azotado por el viento helado, asentado sobre el terreno árido, con la cruz mayor remontándose hacía el cielo ahora ya azul, como dándoles la bienvenida, después de tanta espera.
Bajaron de los micros, como una semana antes otros familiares, recorrieron el sendero blanco de piedras que marca la entrada al cementerio, pero en su caso, no venían solos, la Virgen precedía la marcha. Así, con la Madre en alto, ingresaron los familiares al cementerio, con la advocación de la Virgen de Luján y su manto celeste y blanco, 27 años después los familiares de aquellos héroes, que regaron con su sangre esa tierra nuestra, hacían flamear al viento, con la imagen de la Virgen, por fin en Malvinas, ¡otra vez nuestra bandera!.

CRONICAS MALVINERAS. La última noche antes de volver a las islas. Parte I.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009.

La noche ya había caído sobre Buenos Aires cuando el avión comenzó a carretear por la pista de Aeroparque. Muchos viajaban por primera vez en avión. En otras circunstancias, quizás eso hubiese tenido relevancia.
A pesar de los nervios, el viaje fue tranquilo, al llegar a Río Gallegos, eran aguardados por Veteranos y autoridades. Habían cenado durante el vuelo, aunque nadie comió demasiado y fueron alojados en el hotel poco después de la medianoche. Cada uno estaba en su habitación. En la medida de lo posible, debían descansar, ya que en pocas horas, estarían pisando tierra malvinense.
Mientras los familiares reposaban, los miembros de la Comisión de caídos y de Cascos Blancos ultimaban detalles, chequeaban documentación y realizaban arreglos finales para que nada pudiese retrazar la tan ansiada partida.

El gran día.

Comenzó a amanecer y con las primeras luces de la mañana pudo observarse un cielo nubloso. A pesar de ello, nada podría empañar aquella mañana, el gran día había llegado.
Los familiares desayunaron y partieron hacia el aeropuerto, allí ya los aguardaban los miembros de la Comisión que terminarían su tarea y los esperarían al retornar para darles contención los Veteranos tanto los que acompañaron el vuelo, como los locales.
Los nervios no podían disimularse, las manos que retorcían las manijas de los bolsos y mochilas, los ojos aún enrojecidos de amasar recuerdos durante la madrugada, las manos que se juntaban, los abrazos con quienes se quedaban en tierra, eran la muestra palpable de ello.
El viento del sur frío y seco que castigaba el rostro como un adelanto de la tierra que en horas nada mas pisarían los acompañó en su recorrido por la pista hasta la escalera del avión de LAN, que hacía minutos tenía su puerta abierta para abordar.
Minutos después el avión partía, pero en este caso, ya no habría mas esperas, ese era el viaje hacía el destino final. Cuando la nave tomó altura y desde las ventanillas pudo verse el continente, tomaron real conciencia de que ese era el tramo final.
Cuando sobrevolaron Malvinas por primera vez, las islas estaban escondidas bajo un manto de nubes blancas, y por cierto, durante largo rato, debieron pasar una y otra vez por sobre ellas hasta que la pista fue visible para lograr el aterrizaje.
A las 9.50 horas, del sábado 10 de Octubre de 2009, el avión aterrizaba en el aeropuerto de Mount Pleasant, transportando la imagen de Nuestra Señora de Luján, última pieza del Cenotafio, que quedaría en Darwin para siempre.
Los 205 familiares junto a los coordinadores de la Comisión de Caídos e integrantes de Cascos Blancos, vivieron momentos sumamente emocionantes cuando el avión tocó tierra malvinense. Dentro de la aeronave, todos se unieron en un abrazo. Ya estaban en Malvinas.
Las autoridades británicas de las islas aguardaban junto con representantes de la Comisión de caídos que ya estaban allí: el Gobernador, el Vicegobernador y el Jefe de las tropas se encontraban en la pista dando el recibimiento al contingente, con sumo respeto.
Al aterrizar, una llovizna tenue acompañaba, como queriendo sumarse al duelo, como si el cielo quisiera decirles que compartía sus lágrimas.
Los trámites aduaneros fueron rápidos, y mientras se realizaban los recién descendidos de la aeronave trataban de observar todo lo que podían de aquel paisaje que seguramente tantas veces habían imaginado de mil maneras diferentes.