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domingo, 15 de agosto de 2010

CRÓNICAS MALVINERAS. La tierra prometida. Misa, recordación y respeto. Parte II

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009.

Llegado casi el mediodía se convocó a los presentes para celebrar la misa, antes de ello, quienes lo deseaban, pudieron dejar sus últimas ofrendas en el cofre empotrado en el piso, y vidriado que está ubicado delante de la escalinata de la cruz mayor, y que posteriormente fue sellado.
Los presentes comenzaron a tomar ubicación para la concelebración, aunque un pequeño grupo de familiares prefirió seguir el servicio desde las tumbas.
Cabe destacar aquí una mamá que estaba en ese momento en la tumba de su hijo. Sufrió una pequeña caída al levantarse y los presentes no se percataron inmediatamente, ya que se estaba celebrando la misa, ese fue el único momento en que dos marines británicos, ingresaron al predio para socorrerla inmediatamente, pero no fue necesario, luego de constatar que estaba bien y volvieron a su lugar fuera del perímetro.
Mientras tanto la misa culminaba, y luego de ella, se hizo un minuto de silencio por los caídos, y las autoridades de las islas que acompañaron la ceremonia, así como algunos habitantes de las islas que se acercaron al servicio con mucho respeto y se dio la orden de un toque de silencio en homenaje a los héroes caídos.

Despedirse de la Madre.

El reloj seguía marcando el camino de las horas sin detenerse. Había un avión que esperaba, pero el alma quería quedarse allí.
Todos comenzaron a acercarse a la imagen de la virgen que debía ser depositada en la ermita que durante tanto tiempo la estuvo esperando. Cada uno deseaba tocarla por última vez, rezarle una plegaria, agradecerle el haber podido llegar hasta allí, y seguramente, todos deben haber pedido poder volver.
La despedida de Omar, fue sin duda una de las más emotivas, ya que participó de cada uno de los viajes que a lo largo y ancho del continente hizo la Virgen. Él decía entre lágrimas y sollozos, ¡tanto tiempo te acompañé, para tener que dejarte aquí! Aunque obviamente, allí era ella ahora, es quien acompaña y vela el sueño eterno de nuestros héroes.
En la ermita de la Virgen de Luján, se colocaron a uno de sus costados dos floreros con flores artificiales, y a sus pies una cajita con un rosario bendito por el Papa Benedicto XVI que fue enviado desde el Vaticano para ser depositado allí. Cabe destacar que a la Comisión de Familiares llegó una nota del Nuncio Papal a quien se invitó a participar, pero lamentó no poder hacerlo, ya que el Papa hizo llegar su adhesión a la inauguración del Cenotafio.
Todos se acercaron entre lágrimas a despedir a la Madre, que los acompañó hasta allí, y deseando algún día, poder volver a rezar a sus pies.
Cuando la ermita se cerraba, y la imagen de la Virgen se veía ya solo desde un vidrio, se dieron cuenta, de que no era la única despedida que los aguardaba aquella tarde.

Continuará...

CRÓNICAS MALVINERAS. La tierra prometida. Parte I

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009.

Las piernas comenzaron a temblar cuando empezaron a recorrer las pequeñas callecitas que separan las tumbas del cementerio de Darwin. El sonido del llanto que el viento frío llevaba, calaba en el pecho y erizaba la piel. No existían allí diferencias, el llanto los hermanó a todos, como el dolor lo hizo 27 años atrás. Mujeres, hombres, jóvenes o mayores, todos compartían el mismo sentimiento.
Cuando las fuerzas parecían abandonar a alguno de ellos, como si lo hubiesen previsto de antemano, dirigían la mirada hacía la cruz mayor, donde la imagen de la Virgen se mantuvo hasta el último momento, como pidiéndole fuerzas para soportar aquel estremecedor momento.
Los familiares habían ocupado los lugares elegidos en la mayoría de los casos, ya que como hemos mencionado en crónicas anteriores, solo existen en el cementerio 101 de las 237 tumbas identificadas, en los demás sepulcros, se lee la frase “Soldado argentino solo conocido por Dios” y cada uno adopta una en especial de esas tumbas, y la toma como propia.
Allí comenzaron los rituales que cada uno decidió para homenajear a su ser amado. Se colocaron flores sabiendo que el viento no las dejaría demasiado tiempo allí. Se dejaron rosarios, plegarias, pero además de eso hubo pequeñas grandes historias de vida.
En el caso de Alejandra, ella había traído con mucho temor, en una bolsita, en el bolsillo de su pantalón, parte de las cenizas de su madre, que falleció en 2007, a 25 años de la gesta, y le pidió descansar junto a su hermano en Malvinas, Alejandra tenía 12 años cuando su hermano murió en la Batalla de Monte London. Cuando tomó la decisión de cumplir con el deseo de su madre, pensó en traer solo parte de sus cenizas, temiendo que estas fuesen decomisadas en la aduana y no pudiera recuperarlas, es por eso, que cuando embarcó, durante todo el tiempo las tuvo en su bolsillo.
Allí en Darwin se le comunicó a las autoridades inglesas su intención y le facilitaron sin inconvenientes los elementos para que enterrara los restos de su madre junto a los de su hermano, y pudo cumplir aquella misión que durante mucho tiempo catalogó de imposible.
Los minutos pasaban rápido. En este viaje habría menos tiempo que en el primero, ya que la compañía aérea, tenía pasajes vendidos a personas de otras nacionalidades, de lo que se desprendía que debía despegar a estricto horario.
Recorriendo el cementerio, se podía observar que cada uno, estaba totalmente compenetrado en su historia, esa que pretendía cerrar, como en el caso de Gloria, a quien su joven esposo le había dado un beso antes de partir hace 27 años, y lo primero que hizo fue inclinarse en su tumba para devolvérselo, ya que durante todos estos años, lo llevó en los labios, como ella misma comentó.
Mientras los familiares visitaban a sus seres queridos, psicólogos pertenecientes a Cascos Blancos, estaban ubicados en diferentes lugares del perímetro como había sucedido en el primer viaje, para contenerlos si lo necesitaban. Afortunadamente, como en el caso de la carpa sanitaria que el gobierno de las islas había destinado para emergencias, no fue necesario.
Durante la visita de los familiares a los sepulcros, en el sector de la cruz mayor, con la presencia de la Virgen a su lado, se terminaba de preparar el altar para la ceremonia religiosa, allí estaban el párroco de las islas Peter Norris, el Padre José Vicente Martínez Torrens (Veterano de Malvinas y Capellán durante el conflicto) y Monseñor Romanín, quien expresó entre otras cosas, que esta invitación a participar del viaje había sido para el un verdadero regalo de Dios y que se sentía feliz por estar en ese lugar tan querido para la iglesia, donde los excombatientes veneraron a la Madre de Dios y expresaron ante ella tantas veces sus necesidades, sentimientos, suplicios y esperanzas. Ellos serían los encargados de concelebrar la Santa Misa que estaba a minutos de comenzar.
Las sillas estaban dispuestas delante del altar para los familiares, en ese sector, también se encontraban ya el Gobernador, Vicegobernador y Jefe de Tropas de las islas, que un rato antes habían recorrido el cementerio saludando y brindando el pésame a muchos de los familiares.

domingo, 6 de junio de 2010

CRONICAS MALVINERAS. La última noche antes de volver a las islas. Destino final, Darwin. Parte II.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009.

Como en el viaje del día 3, un grupo de vehículos aguardaba a los familiares para trasladarlos al Cementerio de Darwin. Solo 40 Km. de camino de ripio los separaban de su cometido y poder llegar a la tumba del ser querido que había dado la vida por la patria.
Mientras la hilera de móviles se ponía en marcha, un helicóptero despegaba llevando a integrantes de la Comisión, coordinadores y algunos Cascos Blancos, para que al llegar a Darwin el contingente, ya estuvieran aguardándolos.
A pesar de que algunos rayos de sol comenzaron a asomarse, y el cielo a disipar su color plomizo, el camino les iría mostrando su paisaje agreste, sin árboles, solo con una gramilla amarillenta como toda vegetación, los montes que se dejaban ver a lo lejos, daban pie para que algunos familiares cuyos seres queridos habían caído allí, pudiesen quizás imaginar donde y como había sucedido.
Dentro de esos vehículos que avanzaban lentamente por el sendero formando una caravana había decenas de historias, únicas e irrepetibles como la de Alejandra, que llevaba en su mano en uno de sus bolsillos apretando una bolsita de nylon, en la que tenía parte de las cenizas de su madre, cuyo último deseo había sido descansar con su hijo en el cementerio de Darwin.
Imágen del aerpuerto de Darwin, en Malvinas.
O la del pequeño nieto de un héroe, de solo 5 años, que sin saberlo ya formaba parte de la historia, porque fue el primer nieto de un caído que pisó tierra malvinense; o la de Olga, que con 18 años y dos hijos vio partir a su marido que nunca regresó.
Son tantas las historias de vida que Malvinas encierra, y los sentimientos guardados durante 27 años que pugnaban por salir a la luz, aprisionados en el pecho, con el corazón palpitando cada vez mas fuerte, sabiendo que cada kilómetro recorrido, era un paso menos para poder sacarlos de adentro, y dejarlos como ofrenda al pie de la tumba del ser amado.
A lo lejos, algunos puntos blancos que fueron tomando forma conforme se acercaban, comenzaron a delinear la silueta del cementerio, solito, allí en medio de la nada, entre dos colinas azotado por el viento helado, asentado sobre el terreno árido, con la cruz mayor remontándose hacía el cielo ahora ya azul, como dándoles la bienvenida, después de tanta espera.
Bajaron de los micros, como una semana antes otros familiares, recorrieron el sendero blanco de piedras que marca la entrada al cementerio, pero en su caso, no venían solos, la Virgen precedía la marcha. Así, con la Madre en alto, ingresaron los familiares al cementerio, con la advocación de la Virgen de Luján y su manto celeste y blanco, 27 años después los familiares de aquellos héroes, que regaron con su sangre esa tierra nuestra, hacían flamear al viento, con la imagen de la Virgen, por fin en Malvinas, ¡otra vez nuestra bandera!.

CRONICAS MALVINERAS. La última noche antes de volver a las islas. Parte I.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009.

La noche ya había caído sobre Buenos Aires cuando el avión comenzó a carretear por la pista de Aeroparque. Muchos viajaban por primera vez en avión. En otras circunstancias, quizás eso hubiese tenido relevancia.
A pesar de los nervios, el viaje fue tranquilo, al llegar a Río Gallegos, eran aguardados por Veteranos y autoridades. Habían cenado durante el vuelo, aunque nadie comió demasiado y fueron alojados en el hotel poco después de la medianoche. Cada uno estaba en su habitación. En la medida de lo posible, debían descansar, ya que en pocas horas, estarían pisando tierra malvinense.
Mientras los familiares reposaban, los miembros de la Comisión de caídos y de Cascos Blancos ultimaban detalles, chequeaban documentación y realizaban arreglos finales para que nada pudiese retrazar la tan ansiada partida.

El gran día.

Comenzó a amanecer y con las primeras luces de la mañana pudo observarse un cielo nubloso. A pesar de ello, nada podría empañar aquella mañana, el gran día había llegado.
Los familiares desayunaron y partieron hacia el aeropuerto, allí ya los aguardaban los miembros de la Comisión que terminarían su tarea y los esperarían al retornar para darles contención los Veteranos tanto los que acompañaron el vuelo, como los locales.
Los nervios no podían disimularse, las manos que retorcían las manijas de los bolsos y mochilas, los ojos aún enrojecidos de amasar recuerdos durante la madrugada, las manos que se juntaban, los abrazos con quienes se quedaban en tierra, eran la muestra palpable de ello.
El viento del sur frío y seco que castigaba el rostro como un adelanto de la tierra que en horas nada mas pisarían los acompañó en su recorrido por la pista hasta la escalera del avión de LAN, que hacía minutos tenía su puerta abierta para abordar.
Minutos después el avión partía, pero en este caso, ya no habría mas esperas, ese era el viaje hacía el destino final. Cuando la nave tomó altura y desde las ventanillas pudo verse el continente, tomaron real conciencia de que ese era el tramo final.
Cuando sobrevolaron Malvinas por primera vez, las islas estaban escondidas bajo un manto de nubes blancas, y por cierto, durante largo rato, debieron pasar una y otra vez por sobre ellas hasta que la pista fue visible para lograr el aterrizaje.
A las 9.50 horas, del sábado 10 de Octubre de 2009, el avión aterrizaba en el aeropuerto de Mount Pleasant, transportando la imagen de Nuestra Señora de Luján, última pieza del Cenotafio, que quedaría en Darwin para siempre.
Los 205 familiares junto a los coordinadores de la Comisión de Caídos e integrantes de Cascos Blancos, vivieron momentos sumamente emocionantes cuando el avión tocó tierra malvinense. Dentro de la aeronave, todos se unieron en un abrazo. Ya estaban en Malvinas.
Las autoridades británicas de las islas aguardaban junto con representantes de la Comisión de caídos que ya estaban allí: el Gobernador, el Vicegobernador y el Jefe de las tropas se encontraban en la pista dando el recibimiento al contingente, con sumo respeto.
Al aterrizar, una llovizna tenue acompañaba, como queriendo sumarse al duelo, como si el cielo quisiera decirles que compartía sus lágrimas.
Los trámites aduaneros fueron rápidos, y mientras se realizaban los recién descendidos de la aeronave trataban de observar todo lo que podían de aquel paisaje que seguramente tantas veces habían imaginado de mil maneras diferentes.

lunes, 12 de abril de 2010

CRONICAS MALVINERAS. Homenaje de todos los argentinos, a los argentinos que lo dieron todo. Parte II.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009

Con todos los familiares ya alojados, se parte hacía la Casa de Gobierno, donde la Presidente Cristina Fernández recibe a los familiares para despedirlos en el Salón de la Mujer, lugar donde no existe ninguna referencia a las mujeres de Malvinas, cuestión esta que la primera mandataria se comprometió a subsanar dentro de la conmemoración del bicentenario para que también estén presentes allí.
Al regreso de la Casa Rosada, los familiares almorzaron en el hotel y luego se ultimarían los detalles para partir desde el hotel hasta la Plaza del Congreso, desde donde comenzaría la peregrinación.
Los familiares empezaron a agruparse lentamente en la puerta principal del hotel Bauen, cada uno llevaba su bolso o mochila, ya que se les había indicado que debían utilizar equipaje liviano.
Mientras tanto, en otro lugar se preparaba la imagen de la Virgen para su partida. Cuando fue el momento, se la acomodó en el vehículo abierto donde se la transportaría en peregrinación y con cuidado fueron colocadas en el jeep las banderas que acompañaron todo su recorrido por los caminos del país.
Antes de la partida, todos quisieron despedirse de la imagen, pedirle alguna gracia y agradecer el haber podido vivir aquella experiencia.
La columna se puso en marcha, los familiares llevaban en sus manos las banderitas argentinas que no podrían levantar en Malvinas, al llegar al Congreso, una gran cantidad de Veteranos y ciudadanos argentinos los aguardaban para sumárseles, esa había sido la consigna de la marcha, acompañar a un “Homenaje de todos los argentinos, a los argentinos que lo dieron todo”.
La columna avanzaba y la gente se sumaba, las banderas argentinas ondeaban en el aire y la imagen de la Virgen encabezaba la columna.
Al llegar frente a la Catedral Metropolitana, la Banda de Patricios recibió con sones marciales a la Protectora de la Patria.
En la Catedral, el Cardenal Jorge Bergoglio tuvo emotivas palabras para los familiares dentro de la ceremonia religiosa, un momento que cada uno vivió con total recogimiento.
Culminada la misa, los familiares partieron rumbo al aeroparque Jorge Newery para abordar el vuelo que los llevaría a Río Gallegos, donde pasarían la noche, y a la mañana siguiente partirían hacia Malvinas.
Para muchos sería la culminación de una larga espera y cuando vieran por la ventanilla del avión la primera nube, sin duda podrían afirmar que estaban a punto de tocar el cielo con las manos.

CRONICAS MALVINERAS. Homenaje de todos los argentinos, a los argentinos que lo dieron todo. Parte I.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009.

De regreso en Buenos Aires, luego del primer viaje, no fueron fáciles los momentos de las despedidas. Cada uno de los 170 familiares había entablado una relación muy especial, una relación muy similar a la que tienen los Veteranos de Guerra. A ellos los une una hermandad tácita por haber vivido juntos situaciones inimaginables, a los familiares de los caídos los hermana el dolor compartido, pero también el saber, como en el caso de los Veteranos, que solamente alguien que ha vivido esa situación puede tener real dimensión de lo que puede producir en el fondo del alma.
Comenzaron a partir, cada uno a su lugar. Los más afortunados quizás puedan tener la posibilidad de reencontrarse. Otros de lugares muy lejanos dejaron en abrazos interminables todo el afecto que quizás no tuvieron la oportunidad de expresar en tan poco tiempo.
Seguramente quedaron entre ellos palabras que decirse, historias que contarse, momentos que compartir, aunque solamente el tiempo, el poco que les queda a algunos por sus avanzadas edades, y la diplomacia, esa palabra que parece a veces ser tan complicada, decidirán otra vez por ellos si es posible el reencuentro.
Con la partida del último familiar y las lágrimas todavía en los ojos, había que continuar el trabajo porque otros 205 familiares estaban a punto de llegar para poder ellos también, después de tanto tiempo de espera, llegar a pisar aquel bendito suelo malvinense.
Había que ultimar detalles, revisar documentación para que no hubiera inconvenientes, acomodar a los familiares que llegaban y contenerlos, tratar de bajar la lógica ansiedad que sentían.
Las noches se hicieron largas, y el tiempo para dormir era muy poco, cuando se podía, pero además de los preparativos para la marcha – peregrinación del viernes 9 de octubre, aunque nadie lo mencionaba, entre los integrantes de la Comisión de Familiares había sentimientos encontrados. La imagen de Nuestra Señora de Luján se marchaba a las islas para no volver y existía gran alegría por ello, ya que durante muchos años Gran Bretaña no aceptó su presencia en Darwin, porque nuestra Virgen lleva en su manto los colores de la patria.
A pesar de ello, en el año 1999, familiares que participaron de aquel viaje histórico desde el continente, llevaron a Darwin una imagen de Nuestra Señora con un atuendo diferente, y un familiar, vecino de San Antonio de Areco y otro de Mercedes construyeron con piedras de la playa y materiales conseguidos en las islas, una ermita al pie de la primitiva cruz mayor del cementerio, donde descansó la imagen por muchos años.
Por este motivo, la alegría de haber podido lograr la autorización para que la Virgen guardara a nuestros héroes era mucha, pero el apego de cada uno de los integrantes también, habían recorrido con ella mas de 65 mil kilómetros a lo largo y ancho del continente, para que todos los argentinos pudiesen verla y dejarle sus ofrendas antes de partir, y para todos, también sería el momento de la despedida.

domingo, 28 de febrero de 2010

CRONICAS MALVINERAS. Vivir y revivir. Parte III.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien viajó a conocer el cementerio de Darwin el 3 de octubre de 2009.
La Comisión de Familiares había solicitado en dos oportunidades que se permitiera cantar el Himno Nacional y mostrar banderas durante la ceremonia de inauguración pero las autoridades británicas lo rechazaron “por el contexto político del acto”, así lo hizo saber César Trejo, autoridad de la entidad, por lo cual se le hizo conocer a todos los familiares la disposición sobre la no portación de símbolos patrios, para evitar inconvenientes.
En ese momento, una misión más, había quedado concluida, pero había aún mucho por hacer.
Con la presencia en el lugar del Vicegobernador y el Jefe de tropas de las islas, quienes siguieron atentamente la ceremonia, minutos después dio comienzo la realización de la Santa Misa concelebrada por los sacerdotes católicos Monseñor Juan Carlos Romanín, Sebastián Combin, ambos argentinos y Peter Norris párroco en las islas.
El tiempo, que muchas veces parece detenerse, transcurrió mas rápido que nunca allí en Darwin, la ceremonia había concluido y los familiares tuvieron algunos minutos más para recorrer el lugar antes de emprender el retorno hacía el aeropuerto y abordar el avión que los llevaría nuevamente a Río Gallegos.
Antes de retirarse del cementerio a cada familiar se le entregó excepcionalmente por tratarse de una ocasión tan especial, un trozo de turba, y con ese pedazo de tierra malvinense entre sus manos, esa misma tierra regada con la sangre de sus seres amados, volvieron a recorrer los casi 40 Km. hasta el aeropuerto.
El silencio reinó en los micros y las combis que los transportaban, el paisaje agreste se les quedó pegado a las retinas, el viento helado castigaba en la tarde malvinense, cuando a las 14 horas, el mismo vuelo de LAN, que los había llegado hasta allí a las 9.30 horas a cerrar una historia, los devolvía al continente con una mochila mucho mas liviana de la que habían podido descargar angustias, esperas y lágrimas, para reemplazarlas por un poco de paz espiritual y habiendo rendido su homenaje.
Los primeros 170 familiares llegarían desde Río Gallegos a Buenos Aires y al día siguiente estarían de nuevo camino a casa más reconfortados y en paz. Para todos aquellos que trabajaron para concretar estos viajes, al concluir este, deberían volver a empezar, porque el 10 de Octubre sería el próximo viaje, el que tendría la misión de llevar a Malvinas, la imagen de Nuestra Señora de Luján y entronizarla en el cenotafio de Darwin. Pero para eso, faltaban aún varios días, arduo trabajo por hacer, y muchas historias por vivir.

CONTINUARÁ…

CRONICAS MALVINERAS. Vivir y revivir. Parte II.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien viajó a conocer el cementerio de Darwin el 3 de octubre de 2009

Había una carpa sanitaria, que afortunadamente no hubo que utilizar, otra para atención psicológica, y baterías de baños químicos.
La presencia de personal militar inglés, lejos de ser invasivo, fue discreto y sumamente respetuoso, había una guardia apostada a unos 50 metros del perímetro del cementerio y la prensa tanto nacional como internacional también estuvo fuera del área perimetral del cementerio, tal cual se acordó, para resguardar la intimidad de los familiares.
Cerca del mediodía, después que cada uno tubo su tiempo a solas y en reflexión, se los convocó para acercarse hacía el lugar donde estaba preparado el altar.
En principio, se realizó allí la inauguración formal después de cinco largos años desde su conclusión de este cenotafio. En ese momento, una mezcla de dolor y satisfacción por la misión cumplida invadía a todos y, luego de tanta lucha, por fin nuestros héroes podían tener su monumento.
Héctor Cisneros, Presidente de la Comisión Nacional de Familiares de Caídos, ideólogo y luchador acérrimo de esta causa, fue quien tuvo a su cargo las palabras para dejarlo inaugurado. Esto es lo que dijo el mediodía del 3 de Octubre de 2009, en el Cementerio de Darwin:

“Señoras madres y viudas,
Señores padres, hijas e hijos,
Hermanas y hermanos de los soldados argentinos caídos
En las acciones armadas de 1982.
Señores representantes del Reino Unido de Gran Bretaña,
Señoras y Señores habitantes de las islas:

El acto que estamos realizando hoy no tiene precedentes en la historia mundial.
Nunca antes en la historia de las naciones, dos comunidades que se enfrentaron por la vía de las armas, lograron realizar lo que estamos concretando en estos momentos.
Sabemos que el Reino Unido de Gran Bretaña y sus súbditos isleños se oponen firmemente a discutir sobre la soberanía de las islas. En forma simétrica, la República Argentina y su pueblo, sostenemos nuestros legítimos títulos sobre estas islas.
Sin embargo, esto no ha impedido que pudiéramos sentarnos a conversar, desde hace más de once años, impulsados por la necesidad espiritual de las personas que hemos perdido un ser querido, de rendirles homenaje en el mismo sitio en el que descansan o por el que brindaron sus vidas.
Esta necesidad humana fundamental que consiste en llorar sobre la tumba del que se ama y no está con nosotros, de rezar una plegaria y de conversar íntimamente con ese diálogo especial que comparten seres de dos mundos, de cerrar las heridas que la historia que heredamos produjo en cada familia, y esta comprensión que logró ubicar nuestro diálogo por encima de los conflictos pendientes de resolución, es lo que hace extraordinaria esta inauguración.
Para nosotros, esta obra es la construcción de un lugar santo, en el que nos sentimos interpretados y contenidos. Un lugar del que carecíamos para sentirnos presentes junto a nuestros queridos muertos.
Los cuerpos de nuestros seres amados que yacen aquí, y los que están representados con sus nombres, compartirán siempre este lugar con los habitantes de estas tierras tan queridas por nosotros.
Pudimos llegar a este momento, debido a que este respeto y esta honra a los soldados caídos en acción, forman parte también de las tradiciones y la cultura británica. Nos une ese respeto y esa honra por los que dan la vida por su patria.
Cuando elegimos los materiales para levantar este monumento en su memoria, pensamos en su perdurabilidad, en su dureza y en la belleza de su trama perdurable, como la paciencia que necesitan los pueblos y las personas para alcanzar sus objetivos. Dureza como virtud que precisan los pueblos y las personas que enfrentan la adversidad.
En la trama unida de este mármol, está representado nuestro amor, pues sólo permanece unido lo que se ama. Y en estas cruces de lapacho, junto a la cruz mayor y la imagen de la virgen de Luján, está simbolizada la fe de nuestra identidad americana.
En los epitafios de las tumbas cuyos cuerpos no han sido identificados, decidimos conservar escrito en castellano, la respetuosa honra que en inglés se les asignara al término de la batalla.
En las veinticuatro placas de este monumento, se han tallado uno por uno los nombres de los 649 caídos argentinos, sin mención de grado ni unidad militar, ordenados alfabéticamente, pues su sacrificio y su destino los igualan. Las ofrendas que traemos hoy vienen de todos los puntos del continente, entregadas por los pueblos al paso de la imagen de la virgen de Luján, nuestra patrona, que arribará a este cementerio, para integrarse a este monumento en custodia perpetua de las almas de nuestros muertos.
Los familiares de los caídos argentinos en las acciones armadas de 1982, queremos expresar nuestra gratitud a los gobiernos argentino y británico por haber posibilitado este homenaje. También a los habitantes de las islas, que comprendieron la necesidad humanitaria de nuestra presencia y pudieron hacer a un lado las heridas abiertas en el pasado. Al empresario argentino cuya sensibilidad y comprensión permitió que la financiación de esta obra fuera posible, Sr. Eduardo Eurnekián. Al conjunto de los argentinos, que nos acompañaron en estos veintisiete años en el homenaje permanente a nuestros caídos.
A todos ellos, muchas gracias.”

CRONICAS MALVINERAS. Vivir y revivir. Parte I.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien viajó a conocer el cementerio de Darwin el 3 de octubre de 2009.

La columna de familiares comenzó a deshacerse y cada uno de ellos empezó su peregrinar por el cementerio buscando la tumba de su ser querido. En la mayoría de los casos, ellos mismos deberían tomar la decisión de cual sería desde ahora su lugar de duelo, ya que la mayoría de los familiares, en este caso de los héroes caídos en el ARA Gral. Belgrano, tienen a sus familiares sumergidos bajo las aguas del helado Atlántico Sur con su barco, desde el 2 de Mayo de 1982.
Unos tomaron la decisión rápidamente, quizás por la ansiedad que traían contenida. Otros caminaron largo rato entre las lápidas negras, quizás recordando y reviviendo momentos idos, esperando una señal de cual debería ser el lugar que adoptarían para siempre como suyo.
En un solo caso, el hijo de un héroe, prefirió dirigirse a las grandes placas, lugar donde permanecen grabados los nombres de nuestros protagonistas, y buscar allí el nombre de su padre, para rendirle su homenaje.
Cada cual a su manera manifestó los sentimientos. El llanto contenido por años fue el denominador común. Hubo quienes oraron y también los que contaron frente a su tumba, acontecimientos sucedidos durante ese largo tiempo que no pudieron compartir, como si estuviesen charlando con alguien sentados en una mesa de café.
Muchos llevaron fotos, rosarios, flores y cuando alguno flaqueaba demasiado, tanto los demás familiares como la gente de la Comisión de Familiares los contenían en un abrazo y compartían las lágrimas como queriendo mitigar el dolor.
Mientras tanto, delante de la cruz mayor del cementerio, de 3 metros de alto, se ultimaban los detalles del altar en el cual se realizaría la ceremonia religiosa. Delante de él y prolijamente acomodadas había varias hileras de sillas color verde para que los familiares utilizaran en la misa.
Sobre los laterales se encontraban varias carpas montadas allí para la ocasión, ya que en el lugar no existe otra estructura que la del cenotafio. En este caso había carpas de mayores dimensiones por si los familiares querían resguardarse del frío y el viento, donde también se les entregaban bebidas calientes para paliarlo. Cabe destacar que tanto el día anterior y muy temprano esa mañana del 3 de octubre había nevado.

domingo, 31 de enero de 2010

CRONICAS MALVINERAS. Darwin puertas adentro. Parte II.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien viajó a conocer el cementerio de Darwin el 3 de octubre de 2009.

Con la emoción a flor de piel, y las islas a la vista, comenzaron los primeros llantos, que se convirtieron en uno solo generalizado, cuando el vuelo tocó tierra. Aún dentro del avión, se nombraron a los caídos, con su consiguiente ¡presente! como respuesta, hubo abrazos, voces que comenzaron a cantar el himno ya que no podrían hacerlo una vez que hubiesen bajado del avión. Luego de estos momentos tan emotivos, compartidos también con la tripulación del vuelo que no pudo abstraerse a semejante momento, comenzaron a descender y a pisar ahora sí, por fin! tierra malvinense.
El avión de LAN, quedó ubicado en el aeropuerto de Mount Pleasant (para los ingleses) allí los familiares fueron recibidos por integrantes de la Comisión de Familiares que los aguardaban, por el Vicegobernador de las islas Paul Martínez y el Jefe de las tropas inglesas en las islas. Se los acompañó hasta sus transportes, diez micros y tres combis, que los trasladaron hasta el Cementerio de Darwin.

El momento esperado.

El camino desde el aeropuerto hasta Darwin es de ripio, lo que hace que deba transitarse a baja velocidad. Un viaje de casi una hora en un transporte terrestre que para muchos de ellos fue sin duda una de las mas largas de su vida.
Allí, en medio del árido paisaje, en medio de la nada, entre dos colinas, con un fondo amarillo ocre, con 2ºC de temperatura y un viento de 40 Km/h, pudieron muchos por primera vez y otros emocionarse nuevamente al verlo encontrarse por fin con su destino, el Cementerio de Darwin, ese que desde hace 27 años guarda los restos de su ser querido, o es el símbolo de ello.
Los vehículos se detuvieron a 150 metros del lugar, y al bajar, un angosto camino blanco de piedras, los condujo hasta la entrada.
Algunos, apurando el paso en contra del viento inclemente, imaginando tal vez, lo que debieron padecer nuestros soldados durante el conflicto, otros entraron caminando lentamente buscando su tumba, o la que adoptarían como suya, y algunos se dirigieron a las placas donde el nombre de cada caído está grabado para siempre.
Ese lugar solitario, en medio de las entrañas de la Isla Soledad, fue testigo mudo de 170 historias. Solo el viento, los llantos, las plegarias podían sentirse por ellas en Malvinas, como si el tiempo se hubiese detenido, como si cada uno pretendiera dejarse rozar por ese viento frío que también tocó el rostro del ser amado, cerrando los ojos para recordar los rasgos de alguien que un día hace 27 años se fue para nunca mas volver.
Las tumbas en Darwin son 237, solo 101 tienen identificación, el resto de ellas poseen la leyenda “Soldado argentino, solo conocido por Dios” leyenda esta que fue acuñada por Inglaterra en el caso de las tumbas no reconocidas, y que la Comisión de Familiares decidió solo traducir al castellano sin modificar.
Al pie de esas tumbas, fueron muchos los duelos que comenzaron a cerrarse después de tanta espera.

CONTINUARÁ…

FOTO: Desde el avión... llegando a las Islas Malvinas.

CRONICAS MALVINERAS. Darwin puertas adentro. Parte I.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien viajó a conocer el cementerio de Darwin en octubre de 2009.

Este documento, que se entregará en varias publicaciones, tiene carácter histórico y único, ya que ningún medio de comunicación nacional o internacional, tuvo acceso al predio hasta finalizadas las ceremonias que se llevaron a cabo el 3 y 10 de Octubre de 2009 respectivamente, en la inauguración del Cenotafio del Cementerio de Darwin, Isla Soledad y la entronización de la imagen de Nuestra Señora de Luján, última pieza para concluir dicho monumento.
Ese 3 de Octubre de 2009 marcó una fecha histórica, no solo por la inauguración del Cenotafio del Cementerio de Darwin, único monumento en su tipo en la historia de la humanidad, sino porque después de 5 años un vuelo con familiares de caídos a bordo volvería a tocar suelo malvinense. Entre ellos habría muchos que lo pisarían por primera vez.
Nunca los familiares de los caídos en el glorioso ARA Gral. Belgrano, y los de los pilotos que se volatilizaron o cayeron en combate, cuyos cuerpos no fueron recuperados, habían podido todavía visitar las islas, por lo que en ambos viajes existían historias que esperaban cerrarse desde hace 27 años.
Para ellos llegar a la tumba de su ser querido, o a la que adoptarían como propia, les había llevado demasiado tiempo, por eso aquellas horas anteriores al vuelo se tornaban interminables.
En esta oportunidad fueron 170 los familiares que esperaban en el Aeroparque, la tarde del 2 de Octubre la llegada del avión que los trasladaría a Río Gallegos, a pesar de haber participado minutos antes, de una celebración religiosa brindada por el Cardenal Jorge Bergoglio en la Catedral Metropolitana. Los nervios, la angustia, y la emoción, no podían contenerse.
Los familiares fueron acompañados en el vuelo, por integrantes de la Comisión Nacional de Familiares, Cascos Blancos, y veteranos de guerra, que trataron de hacer mas llevadero este último paso.
Llegados a Río Gallegos fueron recibidos por autoridades e integrantes del Centro de Veteranos local y luego de la cena se fueron a descansar porque debían levantarse muy temprano. Seguramente esas horas sirvieron para los recuerdos, la evocación, y las lágrimas.
A las 6 de la mañana estaban desayunando y a las 7, como estaba previsto, en el Aeropuerto Internacional piloto civil Norberto Fernández, se realizó el acto de despedida. Estuvieron presentes la Presidente Cristina Fernández y el Canciller Jorge Taiana. La Primera Mandataria se comprometió con una lucha inclaudicable por la soberanía de nuestras islas y dijo entre sus párrafos mas salientes “Un día de este siglo, un presidente argentino va a ir a rendir homenaje a sus muertos en nombre de los derechos legítimos que tenemos sobre esas islas, en nombre del derecho de la comunidad internacional, porque deberán entender, que no pueden existir enclaves coloniales en pleno siglo XXI”.
La Presidente, junto con los presentes permaneció con los familiares hasta el despegue del vuelo de LAN.

FOTO: En la imagen, Cristian Luna, el mercedino que pudo estar, junto a un puñado de argentinos, en el Cementerio de Darwin. En esta ocasión, en el abordaje en el aeropuerto de Chile.