lunes, 12 de abril de 2010

CRONICAS MALVINERAS. Homenaje de todos los argentinos, a los argentinos que lo dieron todo. Parte II.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009

Con todos los familiares ya alojados, se parte hacía la Casa de Gobierno, donde la Presidente Cristina Fernández recibe a los familiares para despedirlos en el Salón de la Mujer, lugar donde no existe ninguna referencia a las mujeres de Malvinas, cuestión esta que la primera mandataria se comprometió a subsanar dentro de la conmemoración del bicentenario para que también estén presentes allí.
Al regreso de la Casa Rosada, los familiares almorzaron en el hotel y luego se ultimarían los detalles para partir desde el hotel hasta la Plaza del Congreso, desde donde comenzaría la peregrinación.
Los familiares empezaron a agruparse lentamente en la puerta principal del hotel Bauen, cada uno llevaba su bolso o mochila, ya que se les había indicado que debían utilizar equipaje liviano.
Mientras tanto, en otro lugar se preparaba la imagen de la Virgen para su partida. Cuando fue el momento, se la acomodó en el vehículo abierto donde se la transportaría en peregrinación y con cuidado fueron colocadas en el jeep las banderas que acompañaron todo su recorrido por los caminos del país.
Antes de la partida, todos quisieron despedirse de la imagen, pedirle alguna gracia y agradecer el haber podido vivir aquella experiencia.
La columna se puso en marcha, los familiares llevaban en sus manos las banderitas argentinas que no podrían levantar en Malvinas, al llegar al Congreso, una gran cantidad de Veteranos y ciudadanos argentinos los aguardaban para sumárseles, esa había sido la consigna de la marcha, acompañar a un “Homenaje de todos los argentinos, a los argentinos que lo dieron todo”.
La columna avanzaba y la gente se sumaba, las banderas argentinas ondeaban en el aire y la imagen de la Virgen encabezaba la columna.
Al llegar frente a la Catedral Metropolitana, la Banda de Patricios recibió con sones marciales a la Protectora de la Patria.
En la Catedral, el Cardenal Jorge Bergoglio tuvo emotivas palabras para los familiares dentro de la ceremonia religiosa, un momento que cada uno vivió con total recogimiento.
Culminada la misa, los familiares partieron rumbo al aeroparque Jorge Newery para abordar el vuelo que los llevaría a Río Gallegos, donde pasarían la noche, y a la mañana siguiente partirían hacia Malvinas.
Para muchos sería la culminación de una larga espera y cuando vieran por la ventanilla del avión la primera nube, sin duda podrían afirmar que estaban a punto de tocar el cielo con las manos.

CRONICAS MALVINERAS. Homenaje de todos los argentinos, a los argentinos que lo dieron todo. Parte I.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien participó en el homenaje a los caídos en octubre de 2009.

De regreso en Buenos Aires, luego del primer viaje, no fueron fáciles los momentos de las despedidas. Cada uno de los 170 familiares había entablado una relación muy especial, una relación muy similar a la que tienen los Veteranos de Guerra. A ellos los une una hermandad tácita por haber vivido juntos situaciones inimaginables, a los familiares de los caídos los hermana el dolor compartido, pero también el saber, como en el caso de los Veteranos, que solamente alguien que ha vivido esa situación puede tener real dimensión de lo que puede producir en el fondo del alma.
Comenzaron a partir, cada uno a su lugar. Los más afortunados quizás puedan tener la posibilidad de reencontrarse. Otros de lugares muy lejanos dejaron en abrazos interminables todo el afecto que quizás no tuvieron la oportunidad de expresar en tan poco tiempo.
Seguramente quedaron entre ellos palabras que decirse, historias que contarse, momentos que compartir, aunque solamente el tiempo, el poco que les queda a algunos por sus avanzadas edades, y la diplomacia, esa palabra que parece a veces ser tan complicada, decidirán otra vez por ellos si es posible el reencuentro.
Con la partida del último familiar y las lágrimas todavía en los ojos, había que continuar el trabajo porque otros 205 familiares estaban a punto de llegar para poder ellos también, después de tanto tiempo de espera, llegar a pisar aquel bendito suelo malvinense.
Había que ultimar detalles, revisar documentación para que no hubiera inconvenientes, acomodar a los familiares que llegaban y contenerlos, tratar de bajar la lógica ansiedad que sentían.
Las noches se hicieron largas, y el tiempo para dormir era muy poco, cuando se podía, pero además de los preparativos para la marcha – peregrinación del viernes 9 de octubre, aunque nadie lo mencionaba, entre los integrantes de la Comisión de Familiares había sentimientos encontrados. La imagen de Nuestra Señora de Luján se marchaba a las islas para no volver y existía gran alegría por ello, ya que durante muchos años Gran Bretaña no aceptó su presencia en Darwin, porque nuestra Virgen lleva en su manto los colores de la patria.
A pesar de ello, en el año 1999, familiares que participaron de aquel viaje histórico desde el continente, llevaron a Darwin una imagen de Nuestra Señora con un atuendo diferente, y un familiar, vecino de San Antonio de Areco y otro de Mercedes construyeron con piedras de la playa y materiales conseguidos en las islas, una ermita al pie de la primitiva cruz mayor del cementerio, donde descansó la imagen por muchos años.
Por este motivo, la alegría de haber podido lograr la autorización para que la Virgen guardara a nuestros héroes era mucha, pero el apego de cada uno de los integrantes también, habían recorrido con ella mas de 65 mil kilómetros a lo largo y ancho del continente, para que todos los argentinos pudiesen verla y dejarle sus ofrendas antes de partir, y para todos, también sería el momento de la despedida.

martes, 23 de marzo de 2010

34 años de memoria

La ciudad de Mercedes tiene la triste particularidad de haber visto nacer a uno de los personajes más detestables y detestados de la historia argentina. Nació el 2 de agosto de 1925 bajo el seno de una familia militar (padre) y conservadora (madre) y se llama Jorge Rafael Videla. No por casualidad su nombre está relacionado con la muerte: lleva los nombres de sus dos hermanos mellizos que nacieron y murieron prematuramente antes de que el ex presidente de facto diera a luz. Mamó desde chiquito el odio al peronismo que su padre (militar de alto rango a nivel local que fue Comisionado de la ciudad -cargo similar al de Intendente- entre el 22 de julio de 1943 y el 27 de septiembre de 1944) le inculcó hasta el punto de, cual Adolf Hitler, querer lograr el exterminio ideológico.
La locura puede lograr cosas inauditas, como la matanza y desaparición de personas. Pero también logra emitir excusas como "fui enviado por Dios para hacer eso", como se lo escuchó decir.
No por ser Mercedes la ciudad natal de Videla dejará de tener desaparecidos y asesinados. La mejor forma que puede haber para no olvidarlos, es la de nombrarlos y mantenerlos en forma permanente en la memoria. Tal vez ésta sea la primera vez que el mundo podrá conocerlos y es a través de este blog sobre la historia de Mercedes, Buenos Aires, Argentina.

DETENIDOS - DESAPARECIDOS
Abdala, José: Nació el 2 de octubre de 1951. Militaba en el peronismo. Se casó con Susana Falabella y el hijo de ambos se llama José Sabino. Viviendo en La Plata, el 16 de marzo de 1977, a las 12.30 mientras almorzaban en su casa, fueron secuestrados los tres. Su hijo José Sabino fue encontrado tras 17 años de búsqueda el 29 de diciembre de 1993.
Bojorge, Stella Maris: Nació el 4 de febrero de 1954. En el Colegio Normal de Mercedes se graduó de bachiller. Estudió Medicina en La Plata, cursando hasta tercer año. Fue secuestrada del domicilio de sus padres, calle 11 Nº580, en la madrugada del 2 de julio de 1977. Al mes de producido el secuestro, su padre es extorsionado por los captores y luego es secuestrado, siendo torturado, golpeado y agraviado.
Cardinal, Carlos Martín: Nació el 19 de abril de 1955. Concurrió al Colegio San Patricio de Mercedes. Intentó formar un conjunto de rock, junto a "Pancho" Heredia y Carlos Tillet. Luego conoce a Silvia Fasce, su gran amor. Tienen un hijo llamado Martín y se trasladan a Buenos Aires. Estudia Ciencias Económicas, trabaja en el Banco del Oeste y forma grupos de ayuda. El 21 de junio de 1976 sale de trabajar y nunca más se lo volvió a ver.
Heredia, Francisco Manuel: Nació el 16 de febrero de 1954. Concurrió al Colegio San Patricio de Mercedes. Su inclinación adolescente por la música lo convirtió en autodidacta. Al momento de elegir su futuro universitario optó por Psicología. Concurría a la UBA y además trabajó en el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Lo desaparecieron el martes 9 de noviembre de 1976.
Falabella de Abdala, Susana Victoria: Nació en la ciudad de San Antonio de Areco, el 10 de agosto de 1949, transcurriendo su vida en Mercedes. En 1974 contrae matrimonio con José Abdala y nace de esa unión José Sabino. Estudió en el Colegio Nacional de Mercedes y se recibió de instrumentista, ejerciendo su profesión en el Hospital Blas L. Dubarry de Mercedes y en el Gutiérrez de La Plata. El secuestro de los tres integrantes fue en La Plata, el 16 de marzo de 1977. Susana y José continuan desaparecidos. Sabino fue encontrado en San Justo, gracias a Abuelas de Plaza de Mayo.
Gatica, Carlos Martín: Nació el 16 de abril de 1972. Hijo de Silveriana Jaime de Gatica y Ramón Martín Gatica. Concurrió a las escuelas 15 y 7. Desapareció en la calle Moreno esquina Huarte de la ciudad de Campana, Buenos Aires, el 15 de octubre de 1976. Ese día, a las 21, un grupo de hombres de civil y uniformados entraron violentamente a su habitación, llevándoselo arrastrado de los pelos y semidesnudo.
Iriart, Amer Francisco: Nació el 4 de mayo de 1951. "Curro" vivió su infancia y juventud en calle 28 entre 25 y 27. Cursó sus estudios primarios en la Escuela 10 y los secundarios en el Colegio Nacional. Cursó Ingeniería en la UBA. Estudiaba teatro y Sociología. Fue uno de los fundadores de la Juventud Peronista en Mercedes. Se casó con María Mercedes Juárez y de ésta unión nació Paula. Fue secuestrado el 4 de junio de 1977 y permanece desaparecido.
Pankomim, Enrique: Nació en Roma el 16 de octubre de 1943 y a los 4 años viene a la Argentina. Hizo la primaria en la Escuela 12 de Mercedes, y la secundaria en la Escuela Comercio. Llega a La Plata para estudiar Economía y milita en la política universitaria. Se recibe de contador y sigue como docente. El 1º de octubre de 1976 es secuestrado y desaparecido junto a su esposa Cristina Fernández en La Plata.
entre el 22 de julio de 1943 y el 27 de septiembre de 1944.
Ojea, Esteban Santiago y Ojea, Ignacio: De una familia numerosa que nació y creció en Mercedes, aquí vivieron su infancia y con la muerte del padre de familia, se mudan a Buenos Aires. Fueron al Colegio San Patricio. Luego iniciaron sus estudios universitarios. Con pocos meses de diferencia fueron secuestrados y desaparecidos, primero Esteban y luego Ignacio, a los 19 y 21 años respectivamente.
Picardi, Félix Eduardo: Nació el 17 de abril de 1953. Hizo la primaria y la secundaria en el Colegio San Patricio. En 1971 comienza a estudiar Veterinaria en La Plata. Fue secuestrado el 18 de abril de 1977 a los 24 años. Entre sus virtudes más destacadas está el culto a la amistad y la ayuda a los necesitados.
Révora de Pedro, Lucila Adela: Nació el 17 de septiembre de 1953. Estudió en el Colegio Misericordia, siendo elegida mejor compañera. En 1972 empezó a estudiar Psicología en la UBA y a militar en la Juventud Universitaria Peronista, con la que trabajó en los barrios. Allí conoció a su pareja, Enrique de Pedro, con quien tienen un hijo al que llaman Eduardo. A él lo asesinan el 20 de abril de 1977 y ella desaparece de su casa el 11 de octubre de 1978 estando embarazada.
Riveiro de Goicochea, Adriana Teresita: Nació el 25 de febrero de 1955. Hizo la primaria en la Escuela 8 y egresó como bachiller en Normal. Se inscribió en la Facultad de Derecho. Participó de la Asociación Católica dirigida por el Padre Angelo y militó en la JP. El 26 de junio de 1975 se casó con Luis Eduardo Goicochea (asesinado el 27 de octubre de 1976) y luego tuvieron a Mariano. El 24 de septiembre de 1979 fuerzas conjuntas la secuestran y desaparecen.
Tillet, Carlos Miguel: Nació en Mercedes el 21 de enero de 1954. Hizo la primaria y la secundaria en el Colegio San Patricio. Luego ingresó a la Facultad de Derecho. Desde muy joven sentía gran afinidad por la música. Su gran sensibilidad lo hacía acercarse a los necesitados de las villas y ayudarlos en lo que podía. Desapareció el 3 de diciembre de 1976 en Capital Federal al rededor de las 19 horas.
Passadore, Jorge Roberto: Nació el 1 de agosto de 1946. Vivió y se crió en una quinta, a pocos metros de la ex Ruta 5, Km 102. Hizo la primaria en la Escuela 135 y la secundaria en el Colegio Nacional. Después se fue a vivír a La Plata y puso un taller de chapa y pintura en donde fue secuestrado el 27 de noviembre de 1976 en horas del mediodia junto a otras dos personas. Permanece detenido-desaparecido.

ASESINADOS
Agosti, Carlos: Nació el 12 de agosto de 1956. Cursó durante su infancia clases en el jardín de infantes de la calle 17 para luego cursar la primaria en el Colegio Parroquial. La secundaria la hizo en San Patricio. Llegado el tiempo de los estudios terciarios decidió ir a vivir a La Plata para estudiar Psicología. El 23 de diciembre de 1976, con tan solo 20 años, fue asesinado. Era sobrino de quien participó en la Junta Militar, Orlando Miguel Agosti.
Goicochea, Luis Eduardo: "Lucho" o "Tablita", nació el 13 de octubre de 1951. Hizo la primaria en la Escuela 1 y la secundaria en Nacional y San Patricio, recibiéndose en 1969. Estudió profesorado de Pedagogía y Filosofía en el Instituto del Profesorado y en la UBA. Trabajó en los Tribunales de Mercedes. Integró la Acción Católica y otros movimientos cristianos. Militó en la JP. Se casó con Adriana Riveiro (también desaparecida) el 26 de julio de 1975 y tuvo con ella a Mariano. Lo asesinaron el 27 de octubre de 1976 con un balazo en la nuca.
Padre Alfredo Leaden: Nació el 23 de mayo de 1919. Era descendiente de dos tradiciones de familias irlandesas. Luego de unos cuantos años de formación en Europa y su ordenación como diácono en Roma, se ordena sacerdote en San Miguel, en 1942. Mercedes, Rawson, Belgran, Castelar, fueron sus destinos como sacerdote. Fue asesinado en la parroquia San Patricio de Capital, con 9 heridas en tórax y cabeza el 4 de julio de 1976
Padre Luis Dufau: Sus padres murieron tempranamente y él y su hermana pasaron a vivir con la abuela paterna. Viviendo con ella, se acostumbró al trabajo y al silencio. Descubrió su gusto por los deportes, destacándose en fútbol y paleta. En 1973 recibió en San Patricio de Belgrano al padre Kelly y los seminaristas de Brasil para instalar allí el seminario. Fue asesinado en esa parroquia el 4 de julio de 1976.
Padre Alfredo Kelly: El 5 de mayo de 1933 nació en Suipacha, hijo de familias irlandesas. Los años transcurrieron en el Colegio Máximo de San Miguel, luego completaría sus estudios en Roma y se ordenaría sacerdote de Mercedes en 1957. Reside durante 24 años en la Iglesia San Patricio de esta ciudad. Fue asesinado en la Iglesia San Patricio del barrio de Belgrano, Buenos Aires, recibiendo 15 heridas en cabeza y torax el 4 de julio de 1976.

Fuente: Suplemento "La revista del siglo" del Semanario El Nuevo Cronista, de Mercedes. Diciembre de 1999.

Foto: La placa homenaje que se encuentra en la Plaza San Martín de la ciudad de Mercedes, Buenos Aires. Fue ubicada ahí al conmemorarse, en 1996, los 20 años del golpe de estado.

lunes, 15 de marzo de 2010

Sobre brujos y curanderas II. Cómo era la casa de una curandera y cómo curaba Doña Filomena Caricatto.

En Mercedes, al igual que en otras ciudades, los curanderos que curaban la ojeadora, el empacho, la culebrilla, el dolor de muelas y los agallones, eran calabreses y sicilianos, toda gente humilde que llegó a América con lo puesto o a lo sumo con algún atadito de ropa.
A casi ninguna mujer le faltaba una imagen religiosa, siempre santo devoto de la región de origen, al que se daba santuario en la propia habitación de las personas, ya que las comodidades del emigrante eran poco amplias. La madre, el padre, los chicos y el santo… que lo veía y percibía todo. Podía ser San Genaro, mártir, San Francisco de Paula, alguna virgen o el propio Jesús. Nunca faltaba en la casa de la curandera la inmaculada imagen de Pancho Sierra, casi como estandarte.
Cualquier imagen servía con tal de que fuera capaz de hacer milagros, que era en realidad lo importante. Ante esa imagen, a veces hasta de aspecto sombrío, rezaban todas las tardes mezclando los pedidos de buenaventura como las maldiciones más tremendas. Y allí, frente al Santo, la mamá curaba con palabras la ojeadora y otros males a los chicos del barrio.
Una de ellas fue Doña Filomena Caricatto, que solía curar los agallones rezándole a San Genaro en un dialecto casi endiablado. Era una especie de oración, luego, al finalizarla, la curandera lloraba copiosamente. El dolor se iba pasando y al rato el niño ya podía jugar de nuevo con sus amiguitos.
Otra forma de curar de esta señora era disolviendo los agallones con frotaciones y saliva mientras rezaba. Esta operación duraba unos diez minutos y el procedimiento evitaba dolores y molestias de mucha más duración, ya que los médicos aconsejaban gárgaras y otras curaciones durante cuatro o cinco días.
Las palabras que curan pueden consistir en oraciones recitadas al revés sin sufrir equivocaciones, insultos al Diablo, dichos en presencia del enfermo sin que éste las oiga o bien en presencia de un familiar, ya que la cura puede ejecutarse también a la distancia.
La tradición o leyenda indica que la transmisión de los dones para curar debe hacerse al filo de la medianoche, en viernes santo.

Sobre brujos y curanderas I. Doña Flora Barrientos, la primera curandera de Mercedes.

La Mercedes ancestral también tuvo ese deseo del ser humano de tener buena salud, de curarse y ver sano a su prójimo. Mucho antes que curar fuera una ciencia, los pueblos tuvieron sus médicos, brujos, curanderos, adivinos y encantadores que ejercían el arte de sanar. Probablemente el hombre tenga ese instinto animal de saber cómo curarse, como el perro, que ante cierto malestar interno lo primero que hace es purgarse por medio de yuyos.
Los indios, por ejemplo, usaban la grasa de potro para los dolores musculares, la de vaca para curar heridas y en algunos casos el buche de avestruz y la tela de araña para cerrarlas.
Cuenta Raúl Ortelli en su libro “Adivinas, fantasmas y curanderas” que la primera curandera de la que se tiene referencia fue Doña Flora Barrientos, quien vivió en un rancho de varias piezas en la calle 20 entre 19 y 21 por el año 1830. Su casa era una de las pocas, sino la única que se encontraba por esa zona, ya que el poblado se encontraba alrededor de la actual Plaza San Martín. La presencia en la puerta de su casa de carruajes lujosos decía que su clientela abarcaba todos los estratos sociales.
Largas colas hacía la gente para atenderse con ella. Venían de muchas ciudades, dada la fama que tenía: Navarro, Salto, Luján, Exaltación de la Cruz, Arrecifes, hasta de Buenos Aires mismo.
Doña Flora invocaba mucho a Dios y usaba muchos yuyos para curar y ahí residía parte de su gran fama: no había brujerías ni filtros misteriosos. Ella conocía la acción curativa de muchas plantas y las usaba con mucha sabiduría. Por ejemplo, las flores de acacia son buenas para el resfrío y la tos y que la achicoria puede emplearse para la congestión hepática y vesicular o que el ajo es recomendable para la hipertensión arterial. Cada yuyo era hervido y la curandera indicaba la dosis.
Barrientos, además de esas plantas, también usaba la amapola, las semillas de angélica para neutralizar la fiebre, el apio cimarrón para el reuma, el berro, el boldo, la carqueja, el cedrón, el ceibo, la cina-cina, la menta peperina, etc. Ella no había descubierto nada nuevo, porque estos elementos naturales se usaban desde épocas anteriores.
La virtud de Doña Flora radicó en saber administrar los yuyos para provocar efectos saludables. Fue la curandera más famosa del pasado mercedino y al morir, ya anciana, en 1873, media ciudad le rindió homenaje formando una larga caravana que acompañó sus restos al cementerio.

domingo, 28 de febrero de 2010

CRONICAS MALVINERAS. Vivir y revivir. Parte III.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien viajó a conocer el cementerio de Darwin el 3 de octubre de 2009.
La Comisión de Familiares había solicitado en dos oportunidades que se permitiera cantar el Himno Nacional y mostrar banderas durante la ceremonia de inauguración pero las autoridades británicas lo rechazaron “por el contexto político del acto”, así lo hizo saber César Trejo, autoridad de la entidad, por lo cual se le hizo conocer a todos los familiares la disposición sobre la no portación de símbolos patrios, para evitar inconvenientes.
En ese momento, una misión más, había quedado concluida, pero había aún mucho por hacer.
Con la presencia en el lugar del Vicegobernador y el Jefe de tropas de las islas, quienes siguieron atentamente la ceremonia, minutos después dio comienzo la realización de la Santa Misa concelebrada por los sacerdotes católicos Monseñor Juan Carlos Romanín, Sebastián Combin, ambos argentinos y Peter Norris párroco en las islas.
El tiempo, que muchas veces parece detenerse, transcurrió mas rápido que nunca allí en Darwin, la ceremonia había concluido y los familiares tuvieron algunos minutos más para recorrer el lugar antes de emprender el retorno hacía el aeropuerto y abordar el avión que los llevaría nuevamente a Río Gallegos.
Antes de retirarse del cementerio a cada familiar se le entregó excepcionalmente por tratarse de una ocasión tan especial, un trozo de turba, y con ese pedazo de tierra malvinense entre sus manos, esa misma tierra regada con la sangre de sus seres amados, volvieron a recorrer los casi 40 Km. hasta el aeropuerto.
El silencio reinó en los micros y las combis que los transportaban, el paisaje agreste se les quedó pegado a las retinas, el viento helado castigaba en la tarde malvinense, cuando a las 14 horas, el mismo vuelo de LAN, que los había llegado hasta allí a las 9.30 horas a cerrar una historia, los devolvía al continente con una mochila mucho mas liviana de la que habían podido descargar angustias, esperas y lágrimas, para reemplazarlas por un poco de paz espiritual y habiendo rendido su homenaje.
Los primeros 170 familiares llegarían desde Río Gallegos a Buenos Aires y al día siguiente estarían de nuevo camino a casa más reconfortados y en paz. Para todos aquellos que trabajaron para concretar estos viajes, al concluir este, deberían volver a empezar, porque el 10 de Octubre sería el próximo viaje, el que tendría la misión de llevar a Malvinas, la imagen de Nuestra Señora de Luján y entronizarla en el cenotafio de Darwin. Pero para eso, faltaban aún varios días, arduo trabajo por hacer, y muchas historias por vivir.

CONTINUARÁ…

CRONICAS MALVINERAS. Vivir y revivir. Parte II.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien viajó a conocer el cementerio de Darwin el 3 de octubre de 2009

Había una carpa sanitaria, que afortunadamente no hubo que utilizar, otra para atención psicológica, y baterías de baños químicos.
La presencia de personal militar inglés, lejos de ser invasivo, fue discreto y sumamente respetuoso, había una guardia apostada a unos 50 metros del perímetro del cementerio y la prensa tanto nacional como internacional también estuvo fuera del área perimetral del cementerio, tal cual se acordó, para resguardar la intimidad de los familiares.
Cerca del mediodía, después que cada uno tubo su tiempo a solas y en reflexión, se los convocó para acercarse hacía el lugar donde estaba preparado el altar.
En principio, se realizó allí la inauguración formal después de cinco largos años desde su conclusión de este cenotafio. En ese momento, una mezcla de dolor y satisfacción por la misión cumplida invadía a todos y, luego de tanta lucha, por fin nuestros héroes podían tener su monumento.
Héctor Cisneros, Presidente de la Comisión Nacional de Familiares de Caídos, ideólogo y luchador acérrimo de esta causa, fue quien tuvo a su cargo las palabras para dejarlo inaugurado. Esto es lo que dijo el mediodía del 3 de Octubre de 2009, en el Cementerio de Darwin:

“Señoras madres y viudas,
Señores padres, hijas e hijos,
Hermanas y hermanos de los soldados argentinos caídos
En las acciones armadas de 1982.
Señores representantes del Reino Unido de Gran Bretaña,
Señoras y Señores habitantes de las islas:

El acto que estamos realizando hoy no tiene precedentes en la historia mundial.
Nunca antes en la historia de las naciones, dos comunidades que se enfrentaron por la vía de las armas, lograron realizar lo que estamos concretando en estos momentos.
Sabemos que el Reino Unido de Gran Bretaña y sus súbditos isleños se oponen firmemente a discutir sobre la soberanía de las islas. En forma simétrica, la República Argentina y su pueblo, sostenemos nuestros legítimos títulos sobre estas islas.
Sin embargo, esto no ha impedido que pudiéramos sentarnos a conversar, desde hace más de once años, impulsados por la necesidad espiritual de las personas que hemos perdido un ser querido, de rendirles homenaje en el mismo sitio en el que descansan o por el que brindaron sus vidas.
Esta necesidad humana fundamental que consiste en llorar sobre la tumba del que se ama y no está con nosotros, de rezar una plegaria y de conversar íntimamente con ese diálogo especial que comparten seres de dos mundos, de cerrar las heridas que la historia que heredamos produjo en cada familia, y esta comprensión que logró ubicar nuestro diálogo por encima de los conflictos pendientes de resolución, es lo que hace extraordinaria esta inauguración.
Para nosotros, esta obra es la construcción de un lugar santo, en el que nos sentimos interpretados y contenidos. Un lugar del que carecíamos para sentirnos presentes junto a nuestros queridos muertos.
Los cuerpos de nuestros seres amados que yacen aquí, y los que están representados con sus nombres, compartirán siempre este lugar con los habitantes de estas tierras tan queridas por nosotros.
Pudimos llegar a este momento, debido a que este respeto y esta honra a los soldados caídos en acción, forman parte también de las tradiciones y la cultura británica. Nos une ese respeto y esa honra por los que dan la vida por su patria.
Cuando elegimos los materiales para levantar este monumento en su memoria, pensamos en su perdurabilidad, en su dureza y en la belleza de su trama perdurable, como la paciencia que necesitan los pueblos y las personas para alcanzar sus objetivos. Dureza como virtud que precisan los pueblos y las personas que enfrentan la adversidad.
En la trama unida de este mármol, está representado nuestro amor, pues sólo permanece unido lo que se ama. Y en estas cruces de lapacho, junto a la cruz mayor y la imagen de la virgen de Luján, está simbolizada la fe de nuestra identidad americana.
En los epitafios de las tumbas cuyos cuerpos no han sido identificados, decidimos conservar escrito en castellano, la respetuosa honra que en inglés se les asignara al término de la batalla.
En las veinticuatro placas de este monumento, se han tallado uno por uno los nombres de los 649 caídos argentinos, sin mención de grado ni unidad militar, ordenados alfabéticamente, pues su sacrificio y su destino los igualan. Las ofrendas que traemos hoy vienen de todos los puntos del continente, entregadas por los pueblos al paso de la imagen de la virgen de Luján, nuestra patrona, que arribará a este cementerio, para integrarse a este monumento en custodia perpetua de las almas de nuestros muertos.
Los familiares de los caídos argentinos en las acciones armadas de 1982, queremos expresar nuestra gratitud a los gobiernos argentino y británico por haber posibilitado este homenaje. También a los habitantes de las islas, que comprendieron la necesidad humanitaria de nuestra presencia y pudieron hacer a un lado las heridas abiertas en el pasado. Al empresario argentino cuya sensibilidad y comprensión permitió que la financiación de esta obra fuera posible, Sr. Eduardo Eurnekián. Al conjunto de los argentinos, que nos acompañaron en estos veintisiete años en el homenaje permanente a nuestros caídos.
A todos ellos, muchas gracias.”

CRONICAS MALVINERAS. Vivir y revivir. Parte I.

Escrito por Graciela Medina y basado en la experiencia vivida por su hijo Cristian Luna, quien viajó a conocer el cementerio de Darwin el 3 de octubre de 2009.

La columna de familiares comenzó a deshacerse y cada uno de ellos empezó su peregrinar por el cementerio buscando la tumba de su ser querido. En la mayoría de los casos, ellos mismos deberían tomar la decisión de cual sería desde ahora su lugar de duelo, ya que la mayoría de los familiares, en este caso de los héroes caídos en el ARA Gral. Belgrano, tienen a sus familiares sumergidos bajo las aguas del helado Atlántico Sur con su barco, desde el 2 de Mayo de 1982.
Unos tomaron la decisión rápidamente, quizás por la ansiedad que traían contenida. Otros caminaron largo rato entre las lápidas negras, quizás recordando y reviviendo momentos idos, esperando una señal de cual debería ser el lugar que adoptarían para siempre como suyo.
En un solo caso, el hijo de un héroe, prefirió dirigirse a las grandes placas, lugar donde permanecen grabados los nombres de nuestros protagonistas, y buscar allí el nombre de su padre, para rendirle su homenaje.
Cada cual a su manera manifestó los sentimientos. El llanto contenido por años fue el denominador común. Hubo quienes oraron y también los que contaron frente a su tumba, acontecimientos sucedidos durante ese largo tiempo que no pudieron compartir, como si estuviesen charlando con alguien sentados en una mesa de café.
Muchos llevaron fotos, rosarios, flores y cuando alguno flaqueaba demasiado, tanto los demás familiares como la gente de la Comisión de Familiares los contenían en un abrazo y compartían las lágrimas como queriendo mitigar el dolor.
Mientras tanto, delante de la cruz mayor del cementerio, de 3 metros de alto, se ultimaban los detalles del altar en el cual se realizaría la ceremonia religiosa. Delante de él y prolijamente acomodadas había varias hileras de sillas color verde para que los familiares utilizaran en la misa.
Sobre los laterales se encontraban varias carpas montadas allí para la ocasión, ya que en el lugar no existe otra estructura que la del cenotafio. En este caso había carpas de mayores dimensiones por si los familiares querían resguardarse del frío y el viento, donde también se les entregaban bebidas calientes para paliarlo. Cabe destacar que tanto el día anterior y muy temprano esa mañana del 3 de octubre había nevado.

domingo, 14 de febrero de 2010

Las “cinco esquinas”. Segunda parte. El cine y el carnaval.

En la primera imagen se pueden ver las 5 esquinas. En la segunda, el negocio que estaba frente a la gran casa: en ese lugar en 1935 funcionó el "Moderno taller de reparaciones (de autos) de José Gutierrez & Cia". En la tercera imagen, se ve parte de la esquina a la que se hace alusión en la historia. Si se observa el cordón, se puede ver el tamaño que tenía la ochava de la casa demolida)
Sin lugar a dudas la casona que se encontraba en 29 y 16 (hoy estación de servicio YPF) era un lugar de reunión para la sociedad de fines del siglo XIX y principios del XX, no sólo por la cantidad de gente que iba a realizar compras a los almacenes que estuvieron ahí, sino porque en época de carnaval era una platea preferencial para las señoras deseosas de ver las murgas y comparsas merceditas que tanta alegría trajeron a la ciudad durante los meses de febrero de tantos años.
Cuenta la historia que la altura de los escalones que tenía la vereda de esa esquina formaba un excelente balcón natural para que los vecinos pudieran poner sus sillas cerca del cordón de esa vereda y poder divisar con perfección los diferentes carruajes que desfilaban por la avenida 29 en las noches de carnaval.
Si bien ocurrieron hechos sangrientos en esa esquina, una de las particularidades que tuvo fueron las funciones de cine al aire libre. Muchas veces se proyectaron películas mediante un gran telón que se colgaba en la ochava de la gran casa para deleite de las clases menos pudientes.
Dante Alizeri, en su libro “Reminiscencias merceditas” cuenta que una vez, mientras se estaba pasando una película muda, en donde se representaba un campamento de soldados en horas de descanso, pero atentos a un posible ataque de los indios que merodeaban la zona, aparecen indígenas detrás de una carpa ubicada cerca de un monte donde descansaban el Jefe y un niño, que, luego de avanzar contra esa carpa, hieren al niño metiéndose en la carpa. Sorprendido, el militar da un salto, se apodera de su sable y se dispone a pelear con los salvajes.
En ese instante, un paisano que estaba viendo la película y poseído por el alcohol de más que tenía en sangre, saca su facón y corriendo hacia el telón donde se proyectaba la película, comenzó a gritar: “Ay, juna!... Si serán ladinos!... Aura mesmo lo ayudo jefe!” y haciendo eses con su cuchillo en la mano, se dispuso a atacar a los indígenas. Por suerte alcanzaron a sujetarlo a tiempo y el telón se salvó de ser tajeado.

Las “cinco esquinas”. Primera parte. Qué era y dónde estaba.

El antes y el después. Aunque borrosa, se puede distinguir aproximadamente cómo era la esquina de 29 y 16 en 1900, donde ahora yace una estación de servicio.
Este lugar de la ciudad fue uno de los primeros que quise escribir y el tiempo ha hecho que la investigación no fuera tan fructífera como en otros casos, aunque probablemente con el tiempo se puedan llegar a precisar más los datos necesarios para completar la historia. Nadie ha podido ver esta construcción. Sin embargo, todos los mercedinos y los que han visitado la ciudad de Mercedes saben de la existencia de la estación de servicio culpable de la finalización o inicio, depende de donde se la mire, de la avenida principal de la ciudad, la Avenida Mitre, más conocida como 29.
Donde estaba el Automóvil Club Argentino (hoy estación de servicio YPF), se encontraba una edificación imponente e importante para la ciudad que, según las crónicas locales, se mantuvo en pie hasta fin de la década del ´10. La existencia de ese inmueble, sumado a la doble mano que se inicia ahí mismo en la Avenida 16, conformaba una particular intersección con 5 esquinas. Además, en esa esquina, esas dos avenidas pasan a ser calles angostas.
Esa casa tenía una conformación un poco rara. Cuenta Raúl Ortelli en “La sangre en las esquinas y romances de la Guardia” que “al mirarla desde la Plaza San Martín parecía estar en el medio de la calle. Y ciertamente era así, semejante a un inmenso balcón en el suelo, con tres o cuatro escalones para observar la gran avenida en su desarrollo hacia el norte”.
No se ha podido precisar cuando se demolió, pero los escritos indican que fue una gran pérdida para la ciudad ya que era una de las notas edilicias más tradicionales de la ciudad, con sus tres puertas y tres vidrieras, su alta cornisa color rosado y ancho portón y zaguán por la calle 29. Tenía un solo piso, pero en altura era como para tres de los de ahora, teniendo en cuenta el tamaño de su cornisa.
Las cinco esquinas fue punto de referencia y lugar de copas. Allí estuvo el almacén de Don Ángel Grafignia y luego de Don Manuel Espina, quien atendía al público junto con Emilio Ribeiro, su sobrino, Alfredo Regueiro, José Sanmartín, Antonio Pignataro y Carlos Ciovini.
La vereda, ancha, en busca de la calle, con tres largos escalones, en busca del almacén, que tuvo una época muy importante, con expendio de bebidas, comestibles, leña, carbón, etc.
En las otras 4 esquinas estaban la mueblería de Isaac Waisman (hoy Clínica de las Mercedes), la herrería de Don Ángel Landini (hoy Hotel Mercedes) y el restaurant de Don Manuel Diego. La quinta esquina es la del boulevard de la 16, donde se encuentra el monumento a Bartolomé Mitre.